lunes, 30 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 12

12
El alta hospitalaria y, de nuevo: la burocracia.

         A la mañana siguiente, el enfermero del primer turno, Sergio, un chaval joven y animoso, que ya había estado el día anterior, me anunció con una sonrisa en los labios:
         - Le han dado el alta hospitalaria, luego le voy a quitar la vía, porque, de momento ya no le vamos a poner más medicación aquí. Ya le evaluarán cuando llegue al Gómez Ulla. Cuando se bañe puede ponerse la ropa que trajo al ingresar…
         Tal como lo dijo, y siendo jueves, uno de los días que recibían los otorrinos de allí, di por sentado que se trataba de un traslado al otro hospital. Salió a atender a otros pacientes.



        Cuando regresó ya me encontraba bañado, vestido y desayunado, y ojeaba prensa atrasada.
         - Tienen que traer el informe de los otorrinos, y también tengo que hacer los míos con los cuidados que tiene que tener en su domicilio de la sonda vesical y el cambio y mantenimiento de las cánulas.
         Me quedé perplejo, ¿qué prisa corrían esos temas si me trasladaban a otro hospital? Y así se lo expresé al enfermero.
         - La ambulancia le llevará de momento a su domicilio en Madrid, por lo visto tiene que empadronarse allí antes de que puedan atenderle en el Gómez Ulla.
         - ¿Cómo voy a estar en casa con la bolsa del pis? -me indigné -. Tengo que salir a hacer gestiones y compras, y no me voy a pasear por la calle con la bolsa en la mano, me la quitarán antes…
         - No se puede, se la pusieron el 28 y el tratamiento es de quince días.
         El mundo se me venía encima: alimentación líquida y por papillas, seguía moqueando y tosiendo todo lo que quería, y, para más, los cambios del tubo  de la cánula, que todavía no había hecho yo por completo ni una sola vez… y encadenado a la bolsa vesical como un presidario clásico a su bola de hierro.
         - Pues me esperaré aquí hasta que el alta sea un alta de verdad.
        - Como desee, pero ya está avisada la ambulancia, como a estas horas hay mucho tránsito, hay que hacerlo con mucha antelación. Siéntese que le voy a quitar la vía…
          Me la quitó y volvió a salir. Tenía Sergio una mañana muy activa.


         Tras el primer rebote, producido por lo inesperado de la noticia de que el alta era hacia casa y no para continuar con el tratamiento en otro hospital, recapacité sobre los pros y contras de tener que pasar un nuevo fin de semana en la 315, llevaba quince días encerrado en el hospital y ya apetecía tomar un poco de aire fresco. Preparé un tubo de cánula con su anclaje, y babero, y me encaminé hacia el espejo del baño, a enfrentarme con la visión de esa pequeña comunicación directa que tenía con mi interior… Si se lograba mantener la serenidad, y evitar algún inoportuno acceso de tos, siguiendo los pasos que ya había practicado ayudado, tampoco resultaría tan complicado… 


               Regresó el enfermero con varios informes dentro de una carpeta, el de nutrición estaba acompañado por unas recetas para reforzar la dieta diaria con la ingesta, dos veces al día, de unos batidos muy ricos en vitaminas, proteínas y minerales. 

                Había preparado una abultada bolsa con todo cuanto debía llevarme, aparte de las pertenencias personales, que me habían ido trayendo poco a poco, todo el material de repuestos para la limpieza de la cánula y su mantenimiento, un gel hidratante, muchas toallitas y gasas... Se aproximaba el mediodía y la ambulancia no aparecía. Tuve tiempo de leer detenidamente los informes. Me los podía haber aprendido de memoria.

              Como a la una, apareció por la habitación el conductor, provisto con una silla de ruedas, traía prisa, que casi se pone en marcha sin dejarme colocar la bolsa del pis… La ambulancia subió la cuesta que lleva a la carretera de Valencia y pronto el Hospital Universitario del Sureste y los últimos quince días, tan intensos, a veces, y tan monótonos, a menudo, pasaron a ocupar un lugar en la memoria.

          Las viviendas las tenemos adaptadas a la salud que gozamos habitualmente, cuando ésta se pierde, y no es por una simple gripe de dos días, empezamos a sufrir incomodidades, algunas difíciles de resolver. Cuando se está traqueotosmizado es necesario dormir con la cabeza levantada para facilitar la respiración, las camas articuladas de los centros médicos son ideales para tal fin, pero las nuestras son totalmente planas y horizontales, y colocar dos almohadas no resuelve el problema por completo, se tarda en conciliar el sueño buscando la postura adecuada… Y, más si te sale del centro un tubo elástico, conectado a una bolsa, que se puede enredar en cualquier parte. Claro que también hay compensaciones: nadie te va a impedir tomar cuanto café desees, ni te hablarán de protocolos si te apetece mojar galletas a la hora del desayuno… y, sobre todo, la calle y el parque cercano, los rayos de sol reconfortando la piel, aunque tengas que llevar en la mano, escondida dentro de una florida bolsa comercial, otra bolsa de insólito contenido…


               El viernes ya estaba empadronado y tenía nuevo médico de cabecera, pero…  a orillas del Manzanares. Aunque hay un ambulatorio a unos cien metros de casa, la cosa está organizada de tal forma que los ciudadanos, que vivimos a este lado de la Vía Carpetana, no tenemos derecho a su utilización, sino que nos corresponde uno que se encuentra situado justo en el extremo opuesto del Parque de San Isidro… Estará muy bien desde el punto de vista organizativo y del reparto de las sinergias, pero me pregunto una vez más: ¿Quién paga el Sistema Público de Salud: los trabajadores con los descuentos en sus nóminas o los funcionarios que reciben su sueldo de este dinero? Porque parece justo lo contrario, y según se vaya avanzando en el relato se irá poniendo más de manifiesto que el trato que se recibe, en múltiples ocasiones, por parte de la administración, es como si te estuvieran haciendo un favor gratuito, no como si les llevarás alimentando desde la adolescencia. Señoras y señores, menos llorar porque pierda la final de la Champions el Atleti, estas cuestiones sí que nos debieran dar auténtica pena, y ¡nos tienen sorbido el coco!

           En el hospital había seguido tomando el hierro con las comidas. Y aunque ya no lo tomaba, su poder astringente se iba poniendo de nuevo de manifiesto, poco a poco. El sábado, después de cenar comencé a notar que algo no iba bien. Tenía gases y no los podía evacuar. Imposible permanecer tumbado en la cama, los paseos infructuosos al baño se alternaban con retortijones. En alguna de las idas y venidas la sonda vesical se debía de haber enganchado en algún sitio, y comencé a sentir dolores también en la uretra y a ver como el pis, que llegaba a la bolsa, iba adquiriendo un color rosado…


         Avisamos al Samur como a las cinco de la madrugada. Otro de los servicios que ofrece es la visita domiciliaria de un enfermero. Y, como la situación no les pareció muy grave, quedaron en que nos enviarían uno… No nos advirtieron que más que uno era el único, pues en fines de semana sólo tenían disponible un coche para atender a toda la ciudad de Madrid y aledaños… ¡Portentoso!, llegó hacia las siete de la mañana, cuando ya dudábamos de que viniese y andábamos pensando si llamar a un taxi y acudir a una urgencia hospitalaria por nuestra cuenta. Y más nos hubiera valido, porque la enfermera, era una señora quien me exploró, dijo que lo más probable es que la sangre se debiera a una infección interna y que no contaba con medios para poder dar un diagnóstico claro y resolver mi situación, que avisaba a una ambulancia para que viniera a recogerme, extendió un informe para que lo entregara en Urgencias, y se fue.

         La ambulancia me condujo de nuevo al Hospital Central de la Defensa-Gómez Ulla. Con mi flamante empadronamiento todavía fresco me sentía el "Rey del Mambo", era de suponer que no tendría problemas, pero…

                                                                                                                                                                                                               (Continuará)





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