jueves, 26 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 8

8
La habitación 315. Un diagnóstico y su comentario.

         En portada se informaba de que los políticos ya se habían cansado de marear la perdiz y se iban a convocar nuevas elecciones para el verano. Yo lo vi claro desde el primer día, y no me las doy de vidente, después de conocer el diabólico resultado con que nos habíamos expresado los españolitos en las urnas, con un espectro fragmentado al máximo, y conociendo, como conozco, la nula tendencia a sacrificar en un ápice su propia entidad, en aras del bien común, que tienen todos los políticos actualmente en escena, aunque prediquen de cara a la galería justamente lo contrario. Tras el piscolabis de las once de la mañana, hilamos conversación, los compañeros, sobre la jornada electoral del día anterior y las posibilidades que se presentaban de formar gobierno, y les comenté mientras encendía el segundo cigarrillo del día: “Si el Presidente de Gobierno tuviera vergüenza torera, que no la tiene, sabiendo, como sabe, que nunca le van a dar votos suficientes los demás partidos para que se invista él de nuevo, dejaría de hacernos perder el tiempo a todos y convocaría ya mismo nuevas elecciones”
.
         Y llevaba ya un rato hojeando, sin mucha concentración, el diario cuando me vino a visitar uno de los otorrinos, Gonzalo. Era joven, entre 35 y 40 años, desde mi perspectiva un imberbe, aunque la lleva, y muy bien cuidada, y simpático. No sé si lo echaron a suerte o, dado su carácter extrovertido, se había presentado para darme la noticia, porque no era buena.
         Tras de comprobar cómo iba evolucionando la operación y cambiarme de cánula, ayudado por la enfermera, la hizo salir y entró en materia.


                                     
         - Como recordarás, para poder hacer una valoración definitiva del procedimiento a seguir con tu enfermedad, estábamos pendientes del resultado de la resonancia magnética y… siento comunicarte que se han detectado posibles infiltraciones hacia los pulmones, que imposibilitan que pueda, de momento, realizarse la operación. Así, que hay que pasar a lo que Juan Antonio te propuso como alternativa segunda: radioterapia y quimioterapia, bien juntas o bien por separado, con objeto de la neoplastia deje de crecer e intentar que, con el tratamiento, se vaya haciendo más pequeña - se paró un momento para comprobar que efecto había tenido en mi la noticia. Yo permanecía impasible, y prosiguió: - En la reunión, que hemos tenido el equipo, se ha visto que, puesto que ya no vives en Rivas y, vas a necesitar atención primaria de enfermería, en caso de que tengas algún problema con la cánula, es mejor que te empadrones en tu actual domicilio, y te pongan ya el tratamiento los otorrinos y oncólogos del Gómez Ulla. A tal efecto, nos hemos puesto en contacto con ellos y te atenderán en cuanto llegues allí y les presentes el informe de alta hospitalaria que te estamos haciendo. Sólo hay una pequeña pega, pasan consulta los jueves y lunes, y da la casualidad que este lunes es festivo, por lo que no corre ninguna prisa dártela pues hasta el jueves no te atenderán…

        - También está pendiente una ecografía de vientre -me acordé, de improviso-, que me tienen que hacer, de unos bultos que me han salido…
              - No sabíamos nada, déjame ver.
              - Ya los comprobó el cirujano cuando lo de la retención de orina, y dijo que la iba a pedir.

               Me había descubierto la zona y comenzó a explorar.
               - ¿Desde cuándo los tienes?
               - Los noté como desde unos quince días… antes de la operación. Ya lo dije en urgencias del Gómez Ulla, el primer día…
                - ¿Te duele, cuando aprieto?
                - Hoy no, cuando me apretó el cirujano, sí…
              - En cualquier caso habrá que hacer la ecografía, pedirla o, si ya lo hizo el cirujano, enviar un recordatorio a rayos de que sigue pendiente. Bien, el panorama ha cambiado, supongo que tendrás alguna pregunta que hacerme al respecto.

            Tenía muchas preguntas, tantas que permanecí callado tratando de ordenar mis pensamientos. Luego fueron saliendo poco a poco, unas sobre cuestiones muy concretas, y otras más dispersas, hasta que conseguimos llegar a una conversación fluida sobre lo divino y lo humano. 

                Gonzalo es creyente, practicante católico, e intenta comunicar su fe a los pacientes, con la loable intención de que la oración les ayude a mantener una actitud digna ante la enfermedad. Yo, agnóstico, del Nuevo Testamento me quedó con la definición que da San Juan: “Dios es Amor”, aquello tan interesante de que “todos somos Hermanos en Cristo”, principio básico de la solidaridad, que puede considerarse a nivel de personas, y también de los Pueblos, lo de “mirad las aves del cielo, como ni aran ni siembran y no les falta alimento”, al fin y al cabo, como artista siempre más cigarra que hormiga, la belleza literaria del Apocalipsis…

              Como complemento religioso utilizo “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry,  un relato considerado como un libro infantil por la forma en la que está escrito, pero en el que en realidad se tratan temas profundos como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida… Con  reconsideraciones tan importantes como «Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos», «Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado» o «El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante», en la que la flor está sustituyendo, en un lenguaje poético, al amor y la amistad… Y algún día, cada uno, como el Principito, volaremos al asteroide que nos ha sido asignado desde la eternidad sin el lastre de la materia. Como cantara, usando una estrofa poética llamada lira, Fray Luis de León, allá por el Siglo de Oro:

“Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro al süelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado;
El amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
la lengua dice al fin con voz doliente:
Morada de grandeza,
templo de caridad y hermosura,
mi alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel, baja, oscura?
        


El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando,
y con paso callado
el cielo vueltas dando
las horas de vivir le va hurtando.
¿Quién es el que esto mira,
y precia la bajeza de la tierra
y no gime y suspira
por romper lo que encierra
el alma, y de estos bienes la destierra?

         Gonzalo se despidió cuando me trajeron la bandeja con el almuerzo, recordándome otra vez que el lunes era festivo, el 2 de mayo, y, por tanto, hasta el martes no recobraría el hospital su actividad habitual, y que se encontraba a mi disposición. Para cualquier cuestión o duda que tuviera, que no dudara en ponerme en comunicación con el departamento. 

         Tenía por delante un larguísimo fin de semana: sábado, domingo y, de propina, el lunes.

                                                                                                                                                                                                             (Continuará)

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