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La
habitación 315. La ecografía y el 2º vídeo.
Llegó el
martes, 3 de mayo, y con él la actividad completa al hospital, después del
ralentizado fin de semana.
Estaba descansando en el sillón, en
espera de que vinieran a hacerme la cama, cuando pidió permiso para entrar una
señora de unos setenta años, que llevaba una bata blanca sobre la ropa de
calle. Era menuda y vivaracha, y se presentó como una voluntaria que iba
ofreciéndose a los pacientes para hacerles compañía durante un rato, y que, si
no me importaba, se quedaría conmigo un momento. Le agradecí la deferencia pero
dije que me sentiría incómodo si ella continuaba de pie y yo sentado. Me
contestó que no me preocupara, que estaba acostumbrada, y de seguido se puso a
hablar y hablar: de ella, de su marido, de sus hijos, de donde habían estado el largo fin de semana… Era de Extremadura, de Cáceres, había sido Maestra de Escuela. En alguna ocasión intenté que el monólogo se convirtiera en diálogo…
- Conozco más Badajoz, hice allí la
mili… -misión imposible, la señora iba a “piñón fijo”. Hacía muchos años que
vivía en Arganda del Rey, su marido estaba ya jubilado… Parecía que más que un
voluntariado para entretener a los enfermos estaba practicando una terapia
recomendada por un sicólogo. “Seguro que, con todo lo que raja, en su casa ya
no la escuchan, y tiene que recurrir a esto, para sentirse realizada”, pensé.
En eso estábamos, cuando vino a
buscarme, con su inseparable silla de ruedas, la simpática celadora, que ya me
resultaba familiar, para bajarme a Radiología. La voluntaria me dijo que
volvería después, si no me importaba…
Me atendió la doctora María Victoria,
una señora muy seria al tiempo que amable, y decidió extender la exploración a
todo el abdomen. Según me iba pasando el aparato y se visualizaba la zona
explorada en la pantalla, me iba informando en voz alta de lo que iba viendo, es
probable que lo estuviera grabando para ayudarse al escribir el informe. O que,
como también realizaban consultas externas, se hubiera acostumbrado a ir
haciendo las descripciones de lo que veía a las señoras embarazadas, para que se
fueran familiarizando con lo que se les venía. Comenzó por los bultos:
Tumoraciones palpables en ambas
regiones inguinales-púbicas, que ecográficamente corresponden a mallas
quirúrgicas, sin signos de recurrencia herniaria ni de colecciones perimalla. Le
operaron de hernias inguinales, ¿verdad?
- Sí -contesté.
- Pues los bultos está producidos por
las mallas que ponen como protección, que como ha adelgazado tanto, se han ido
enrollando sobre sí mismas. No se preocupe que no es ningún problema, si vuelve
a coger peso regresaran a su ser y desaparecerán los bultos.
Respiré aliviado. Con lo de las
posibles ramificaciones que había detectado la resonancia ya no sabía a qué
atenerme…
- Ya puestos, examinaremos el resto de
las vísceras -continuó. Y siguió explorando, y hablando a intervalos: -Hígado
de tamaño y morfología normal, bordes lisos y ecogenicidad homogénea, sin
evidencia de lesiones focales… Radicales biliares intra y extrahepáticos de
calibre normal… Vesícula biliar de tamaño y grosor de pared normal, sin imágenes
litiásicas en su interior… páncreas de tamaño, grosor y ecogenicidad normales…
bazo de tamaño normal y ecogenicidad homogénea… Ambos riñones de tamaño normal,
con buena diferenciación cortico-medular, sin dilatación de vía excretora ni
imágenes de litiasis… Vejiga vacía, con globo de sonda intravesical… Próstata
bien delimitada de 22cc de volumen… No se observa líquido libre intraabdominal
-hizo una pausa más larga, y me dio unas gasas -. Bien, hemos terminado, vaya
limpiándose la crema, y se cubre. No se observa ninguna anomalía.
- Gracias, doctora.
- Puede sentarse en la silla, llamaré
para que venga un celador.
En la
habitación, tenía un mensaje en el móvil: por la tarde me vendrían a visitar
unos familiares. Apareció de nuevo la voluntaria, pero sólo para informarme de
que se le había hecho muy tarde y se tenía que ir a preparar la comida a su
marido, que ya volvería otro día, si a mí no me importaba. Agradecí, a las
manecillas del reloj, que se hubieran acelerado aquella mañana, porque ya me
había mareado bastante antes.
Había noche de Champions, la semifinal
Bayern de Munich vs. Atlético de Madrid, y una cadena televisiva lo emitía en
abierto. Se daba como favorito al equipo alemán, para quien quisiera pasarse un
par de horas de sufrimiento, viendo como los delanteros teutones asediaban la
meta madrileña, lo tenía asegurado. No por puro masoquismo, sino porque tengo
confianza en los equipos futboleros de mi ciudad, me decidí a verlo. Y no me
defraudaron, ni las dosis de sufrimiento hasta el último segundo del encuentro ni
el resultado final… El Atleti, del que son seguidores mis dos hijos, estaría
presente en la final de Milán. ¡Força Atleti!
Los resultados de la ecografía, cuando
llegaron a manos de los otorrinos, al día siguiente, les dieron esperanzas
sobre una evolución positiva de mi enfermedad, y decidieron rodar un nuevo
vídeo, y valorarlo a continuación en sesión clínica. Esta vez me vino a buscar a
la habitación un celador, varón y poco locuaz.
Ya en consulta, me informaron que el
primer vídeo no había quedado bien grabado, y querían repetirlo para
poder enviarlo a sus colegas del Gómez Ulla. Y, con ligeras variantes se siguió
el mismo guión que la primera vez, y volví a sufrir las mismas incomodidades,
que me dejaban mal cuerpo para el resto de la jornada.
Sentado de nuevo en la silla de ruedas
con la bolsa del pis en el regazo, me sacaron al pasillo para tener la sesión clínica
a puerta cerrada, quizá con una primera intención de comunicarme el resultado
antes de reenviarme a la habitación. El caso es que, después de pasado como un
cuarto de hora, cuando me sentía muy incómodo, salió uno de los doctores a
decirme que ya habían avisado al celador, que enseguida vendrían a por mí. Con
lo que me quedé sin enterarme de cual había sido la conclusión final.
Tal vez
fuera aquella tarde que se me ocurrió, por vez primera, lo de escribir un blog
con mis experiencias médico-hospitalarias. Relatar siempre me salió fluido
desde mis primeras experiencias escolares, quizás porque desde siempre había
leído mucho y el cerebro es una esponja, que todo lo absorbe, y a la vez una
expendedora de ideas nuevas, que estructura y reordena lo cosechado, según
insospechados mecanismos, produciendo síntesis maravillosas, es lo que se llama
la creatividad.
En la casa paterna, que en realidad era
de mi abuela María, con quien la compartíamos, había pocos libros, no había
mucha afición a la lectura entre la clase obrera, a mediados del siglo pasado,
de Las Españas, porque para leer hay que tener un cierto tiempo que dedicar al
ocio, y a la sazón, mucho Fuero del Trabajo sobre el papel, pero el trabajador
no disponía siquiera de la semana inglesa, como se denomina aquella en que
los sábados por la tarde se tiene asueto. Eran ocho horas cada día, seis días a
las semana, y si no hacías horas extras o te buscabas un segundo trabajo
complementario tenías difícil lo de llegar a fin de mes, porque trabajo no
faltaba, pero a muy bajo salario..., nos van a venir ahora los chinos a enseñar lo que ya se sabía por aquí hace medio siglo.
Como decía, había pocos libros,
pero tuve la suerte de que dos fueran de lo “mejor imposible”: una traducción
en prosa de “La Divina Comedia” de Dante, ilustrada con estampas, y el “Quijote para los Niños”, que, a pesar de
la facilidad que prometía su título, tenía más de cuatrocientas páginas de
letra muy pequeñita, la edición era en cuarto, y estaba profusamente ilustrado
con grabados de trazo simple. Si le añadimos el Nuevo Testamento, que era de
rigor tener siempre a la mano en un estado confesional nacionalcatólico -el
crucifijo presidía todas las aulas colegiales, franqueados por sendos retratos
de Franco, siempre con uniforme militar, y José Antonio, siempre con la camisa
azul de la Falange-, constituye un repertorio tan corto como selecto de elementos
literarios… Y para poesía, que mejor que la radio, propia o del vecino, si la
dejabas la tuya descansar un rato, porque el volumen siempre se ponía a tope, soltando
canciones sin parar: “Apoyá en el quicio de la mancebía, mirabas entreabrirse
la noche de mayo, pasaban los hombres y tú sonreías, cuando en tu puerta bajé
del caballo…”, no cambió la sencillez de Rafael de León ni por la
intelectualidad de Jorge Luis Borges…
Tarde bastantes años en decidirme a
romper aquellas cochambres líricas que escribía desde los once años y, aún así,
algunas se quedaron clavadas en la menoría:
Ana Rosa, mi alma
quedó prendida
en tus dulces espinas,
y no hay en mi calma
desde que te obstinas,
en así ocultarme
tus gracias divinas…
Claro que ningún buen calígrafo lo
llega a ser sin haber echado antes una buena colección de borrones, y ahora me
basta cualquier tonta disculpa para parir un soneto:
AL DESNUDO
Forma
cual huracán poderosa,
Espléndidamente
abierta al sensible
Devenir de tu
entorno y hendible-
Mente espiritual
como la rosa
Continente de la
esencia amorosa
Que en ti logra
lo contrario unible,
Máxima
perfección de lo visible,
Manantial de
futuro ¡Forma hermosa!
Desnudo cuerpo
humano: sincero,
Libre y
arrogante, despojado
De manchas,
brillante cual acero,
Por pureza y
verdad siempre gozado,
Parte del
Universo y Mundo entero,
¡Limpio confín del alma enamorado!
¡Limpio confín del alma enamorado!
Lo que leíste antes siempre acabará por aparecer en lo que escribas: en mi primer relato,"En la laguna", tenía por fuerza que figurar San Juan Evangelista.
(Continuará)
(Continuará)


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