domingo, 29 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 11

11
La habitación 315. La ecografía y el 2º vídeo.

             Llegó el martes, 3 de mayo, y con él la actividad completa al hospital, después del ralentizado fin de semana.


           Estaba descansando en el sillón, en espera de que vinieran a hacerme la cama, cuando pidió permiso para entrar una señora de unos setenta años, que llevaba una bata blanca sobre la ropa de calle. Era menuda y vivaracha, y se presentó como una voluntaria que iba ofreciéndose a los pacientes para hacerles compañía durante un rato, y que, si no me importaba, se quedaría conmigo un momento. Le agradecí la deferencia pero dije que me sentiría incómodo si ella continuaba de pie y yo sentado. Me contestó que no me preocupara, que estaba acostumbrada, y de seguido se puso a hablar y hablar: de ella, de su marido, de sus hijos, de donde habían estado el largo fin de semana… Era de Extremadura, de Cáceres, había sido Maestra de Escuela. En alguna ocasión intenté que el monólogo se convirtiera  en diálogo…
            - Conozco más Badajoz, hice allí la mili… -misión imposible, la señora iba a “piñón fijo”. Hacía muchos años que vivía en Arganda del Rey, su marido estaba ya jubilado… Parecía que más que un voluntariado para entretener a los enfermos estaba practicando una terapia recomendada por un sicólogo. “Seguro que, con todo lo que raja, en su casa ya no la escuchan, y tiene que recurrir a esto, para sentirse realizada”, pensé.
 
             En eso estábamos, cuando vino a buscarme, con su inseparable silla de ruedas, la simpática celadora, que ya me resultaba familiar, para bajarme a Radiología. La voluntaria me dijo que volvería después, si no me importaba…

           Me atendió la doctora María Victoria, una señora muy seria al tiempo que amable, y decidió extender la exploración a todo el abdomen. Según me iba pasando el aparato y se visualizaba la zona explorada en la pantalla, me iba informando en voz alta de lo que iba viendo, es probable que lo estuviera grabando para ayudarse al escribir el informe. O que, como también realizaban consultas externas, se hubiera acostumbrado a ir haciendo las descripciones de lo que veía a las señoras embarazadas, para que se fueran familiarizando con lo que se les venía. Comenzó por los bultos:
        Tumoraciones palpables en ambas regiones inguinales-púbicas, que ecográficamente corresponden a mallas quirúrgicas, sin signos de recurrencia herniaria ni de colecciones perimalla. Le operaron de hernias inguinales, ¿verdad?
               - Sí -contesté.
         - Pues los bultos está producidos por las mallas que ponen como protección, que como ha adelgazado tanto, se han ido enrollando sobre sí mismas. No se preocupe que no es ningún problema, si vuelve a coger peso regresaran a su ser y desaparecerán los bultos.
          Respiré aliviado. Con lo de las posibles ramificaciones que había detectado la resonancia ya no sabía a qué atenerme…


                 - Ya puestos, examinaremos el resto de las vísceras -continuó. Y siguió explorando, y hablando a intervalos: -Hígado de tamaño y morfología normal, bordes lisos y ecogenicidad homogénea, sin evidencia de lesiones focales… Radicales biliares intra y extrahepáticos de calibre normal… Vesícula biliar de tamaño y grosor de pared normal, sin imágenes litiásicas en su interior… páncreas de tamaño, grosor y ecogenicidad normales… bazo de tamaño normal y ecogenicidad homogénea… Ambos riñones de tamaño normal, con buena diferenciación cortico-medular, sin dilatación de vía excretora ni imágenes de litiasis… Vejiga vacía, con globo de sonda intravesical… Próstata bien delimitada de 22cc de volumen… No se observa líquido libre intraabdominal -hizo una pausa más larga, y me dio unas gasas -. Bien, hemos terminado, vaya limpiándose la crema, y se cubre. No se observa ninguna anomalía.
                  - Gracias, doctora.
                  - Puede sentarse en la silla, llamaré para que venga un celador.

            En la habitación, tenía un mensaje en el móvil: por la tarde me vendrían a visitar unos familiares. Apareció de nuevo la voluntaria, pero sólo para informarme de que se le había hecho muy tarde y se tenía que ir a preparar la comida a su marido, que ya volvería otro día, si a mí no me importaba. Agradecí, a las manecillas del reloj, que se hubieran acelerado aquella mañana, porque ya me había mareado bastante antes.


                Había noche de Champions, la semifinal Bayern de Munich vs. Atlético de Madrid, y una cadena televisiva lo emitía en abierto. Se daba como favorito al equipo alemán, para quien quisiera pasarse un par de horas de sufrimiento, viendo como los delanteros teutones asediaban la meta madrileña, lo tenía asegurado. No por puro masoquismo, sino porque tengo confianza en los equipos futboleros de mi ciudad, me decidí a verlo. Y no me defraudaron, ni las dosis de sufrimiento hasta el último segundo del encuentro ni el resultado final… El Atleti, del que son seguidores mis dos hijos, estaría presente en la final de Milán. ¡Força Atleti!

         Los resultados de la ecografía, cuando llegaron a manos de los otorrinos, al día siguiente, les dieron esperanzas sobre una evolución positiva de mi enfermedad, y decidieron rodar un nuevo vídeo, y valorarlo a continuación en sesión clínica. Esta vez me vino a buscar a la habitación un celador, varón y poco locuaz.

         Ya en consulta, me informaron que el primer vídeo no había quedado bien grabado, y querían repetirlo para poder enviarlo a sus colegas del Gómez Ulla. Y, con ligeras variantes se siguió el mismo guión que la primera vez, y volví a sufrir las mismas incomodidades, que me dejaban mal cuerpo para el resto de la jornada.

          Sentado de nuevo en la silla de ruedas con la bolsa del pis en el regazo, me sacaron al pasillo para tener la sesión clínica a puerta cerrada, quizá con una primera intención de comunicarme el resultado antes de reenviarme a la habitación. El caso es que, después de pasado como un cuarto de hora, cuando me sentía muy incómodo, salió uno de los doctores a decirme que ya habían avisado al celador, que enseguida vendrían a por mí. Con lo que me quedé sin enterarme de cual había sido la conclusión final.


         Tal vez fuera aquella tarde que se me ocurrió, por vez primera, lo de escribir un blog con mis experiencias médico-hospitalarias. Relatar siempre me salió fluido desde mis primeras experiencias escolares, quizás porque desde siempre había leído mucho y el cerebro es una esponja, que todo lo absorbe, y a la vez una expendedora de ideas nuevas, que estructura y reordena lo cosechado, según insospechados mecanismos, produciendo síntesis maravillosas, es lo que se llama la creatividad.

             En la casa paterna, que en realidad era de mi abuela María, con quien la compartíamos, había pocos libros, no había mucha afición a la lectura entre la clase obrera, a mediados del siglo pasado, de Las Españas, porque para leer hay que tener un cierto tiempo que dedicar al ocio, y a la sazón, mucho Fuero del Trabajo sobre el papel, pero el trabajador no disponía siquiera de la semana inglesa, como se denomina aquella en que los sábados por la tarde se tiene asueto. Eran ocho horas cada día, seis días a las semana, y si no hacías horas extras o te buscabas un segundo trabajo complementario tenías difícil lo de llegar a fin de mes, porque trabajo no faltaba, pero a muy bajo salario..., nos van a venir ahora los chinos a enseñar lo que ya se sabía por aquí hace medio siglo. 



              Como decía, había pocos libros, pero tuve la suerte de que dos fueran de lo “mejor imposible”: una traducción en prosa de “La Divina Comedia” de Dante, ilustrada con estampas,  y el “Quijote para los Niños”, que, a pesar de la facilidad que prometía su título, tenía más de cuatrocientas páginas de letra muy pequeñita, la edición era en cuarto, y estaba profusamente ilustrado con grabados de trazo simple. Si le añadimos el Nuevo Testamento, que era de rigor tener siempre a la mano en un estado confesional nacionalcatólico -el crucifijo presidía todas las aulas colegiales, franqueados por sendos retratos de Franco, siempre con uniforme militar, y José Antonio, siempre con la camisa azul de la Falange-, constituye un repertorio tan corto como selecto de elementos literarios… Y para poesía, que mejor que la radio, propia o del vecino, si la dejabas la tuya descansar un rato, porque el volumen siempre se ponía a tope, soltando canciones sin parar: “Apoyá en el quicio de la mancebía, mirabas entreabrirse la noche de mayo, pasaban los hombres y tú sonreías, cuando en tu puerta bajé del caballo…”, no cambió la sencillez de Rafael de León ni por la intelectualidad de Jorge Luis Borges…

         Tarde bastantes años en decidirme a romper aquellas cochambres líricas que escribía desde los once años y, aún así, algunas se quedaron clavadas en la menoría:
Ana Rosa, mi alma
quedó prendida
en tus dulces espinas,
y no hay en mi calma
desde que te obstinas,
en así ocultarme
tus gracias divinas…

         Claro que ningún buen calígrafo lo llega a ser sin haber echado antes una buena colección de borrones, y ahora me basta cualquier tonta disculpa para parir un soneto:

AL DESNUDO

Forma cual huracán poderosa,
Espléndidamente abierta al sensible
Devenir de tu entorno y hendible-
Mente espiritual como la rosa

Continente de la esencia amorosa
Que en ti logra lo contrario unible,
Máxima perfección de lo visible,
Manantial de futuro ¡Forma hermosa!

Desnudo cuerpo humano: sincero,
Libre y arrogante, despojado
De manchas, brillante cual acero,

Por pureza y verdad siempre gozado,
Parte del Universo y Mundo entero,
¡Limpio confín del alma enamorado!

            Lo que leíste antes siempre acabará por aparecer en lo que escribas: en mi primer relato,"En la laguna", tenía por fuerza que figurar San Juan Evangelista.

                                                                                    (Continuará)
  

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