viernes, 27 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 9

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La habitación 315. El 1º de Mayo y la ecología.

         Me continuaban administrando, puntualmente, las tres dosis diarias de medicación con cada nuevo turno de enfermería, y tenía que permanecer enganchado a la cama durante su administración, pues los aerosoles necesitaban del oxígeno y la máquina estaba en el panel, tras la cabecera. El antibiótico, las vitaminas y los calmantes me los administraban gota a gota, éstos últimos sólo los ponían si los pedía porque intentaban que fuera dejando de tomarlos, lo que era bastante complicado de hacerse realidad, pues la función de los aerosoles era contribuir a fluidificar las mucosidades para facilitar su expulsión, lo que me producía toses acompañadas de irritación de garganta y dolor en la zona afectada por la operación.
         Ya había desayunado, y me encontraba tumbado reposando, cuando apareció el quiosquero trayéndome la prensa que, como de sábado, traía abundancia de complementos y encartes. Las noticias eran bastante similares a las del día anterior, en nacional el tema de la repetición de elecciones, en internacional la guerra de Siria, las cuotas de emigrantes que estaba dispuesta a admitir la Unión Europea, el calentamiento en Francia de la lucha sindical, con motivo de las reformas propuestas por François Hollande, preparando la jornada del 1º de Mayo…
                      

         Miré la reseña de las manifestaciones sindicales en Madrid propuestas para el día siguiente. Como era habitual desde hacía bastantes años cada sindicato hacia las convocatorias por su cuenta, buena muestra del espíritu insolidario de los predicadores de la solidaridad obrera. Sólo los dos sindicatos mayoritarios, la Unión General de Trabajadores, socialdemócrata, y Comisiones Obreras, de procedencia comunista, la hacían  conjunta, por la calle de Alcalá con terminación en la Puerta del Sol. Los anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo, la convocaban por la calle de Bravo Murillo, con final en la glorieta de los Cuatro Caminos, la Confederación General del Trabajo, fracción desgajada de la CNT en los años de la Transición, en otro lugar, la Unión Sindical Obrera, de adscripción cristiana, en otro diferente…


           En tiempos muy lejanos, participé en la lucha sindical, cuando todavía era estudiante, militaba en el Sindicato de Construcción de la CNT, que tenía su sede en la plaza de Tirso de Molina. Tiempos apasionantes aquellos, en que contribuí a la devolución del Patrimonio Sindical, usurpado por el franquismo, a sus legítimos dueños, por las bravas, ocupando un local abandonado por el Sindicato Vertical en Villaverde Alto, Madrid, un 1º de Mayo, que es hoy sede de la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo. Y, completando la labor, participé en las negociaciones para recuperar la documentación, tanto de la CNT, como de la Federación Anarquista Ibérica, que, embalada en cajas de munición, fue sacada de las Españas en los últimos días de la Guerra Civil, y que, después de diversos avatares, había recalado en el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam. 
         Complicadas negociaciones, porque los del Instituto consideraban aquellos documentos como la perla de la corona de su patrimonio, y no estaban dispuestos a prescindir de ellos  a las primeras de cambio, aparte de que por ahí todavía se tenía como muy probable una involución política en nuestro país. El entrechocar de los sables de los Milans del Boch y compañía se escuchaba más nítido fuera que dentro de nuestras fronteras. Condición indispensable para la devolución era que quedara allí una copia completa de cuanto documento, cartel, fotografía, manuscrito, etc., estuviera dentro de aquellas cajas de madera, que en su día contuvieron cintas con balas de ametralladora, según figuraba todavía en el etiquetado de algunas, de forma tal que cualquier erudito pudiera tener las mismas posibilidades de estudiar el material histórico como si estuviera en sus manos la documentación original.

          Aunque por aquí tenemos la tendencia a considerarnos cristianos viejos, con independencia de que tengamos religiosidad o seamos descreídos, la herencia moruna, de los Reinos de Taifas, la llevamos inyectada en vena mucho más de lo que nos pensamos. Viene esta reflexión a cuento de explicar la principal causa de mi alejamiento del movimiento libertario. Con este afán innato que tenemos por generar absurdas, desde mi punto de vista, banderías, a finales de los setenta se bifurcó el anarcosindicalismo, unos, que se autodenominaban la tendencia purista, más afines a la tradición de una tutela sindical a cargo de la ideológica Federación Anarquista Ibérica, y otros, más aperturistas, con deseos de cambios y de adaptar el sindicalismo a los tiempos que corrían, así que en un momento dado me vi en la tesitura de tener que elegir entre la primera, donde tenía buenos amigos, y la segunda, donde también los tenía y opté por… buscar aires menos contaminados en el movimiento ecologista.


         Me enrolé en Amigos de la Tierra, y, a los pocos meses de actividad, formaba parte de su Secretaría Permanente, en calidad de Secretario de Medio Ambiente Urbano, organizaba campañas reivindicativas, daba conferencias divulgativas y participaba en debates públicos.

            Campaña bien organizada, y con resultado óptimo, fue la consecución del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, el espacio natural protegido de mayor superficie de la Comunidad de Madrid y uno de los de mayor valor ecológico y paisajístico, en 1985, después de varias marchas peticionarias por el Monte del Pardo en años anteriores, en algunas de ellas teniendo que ser escoltados por la Guardia Civil, porque espacio protegido es sinónimo de lugar en donde los especuladores deben cesar de realizar sus actividades, tan lucrativas como poco respetuosas con la naturaleza, y el dinero, ya sabemos, lo puede comprar todo, hasta boicoteadores de manifestaciones.




                                       
           La Unesco lo declaró Reserva de la Biosfera en 1993. Tiene variados ecosistemas, entre los que destacan la alta montaña -su altura culminante es las Cabezas de Hierro, con 2.383 metros-, los encinares, los enebrales, los jarales, los melojares y las zonas húmedas. En cuanto a fauna destacan, entre los mamíferos, la presencia del gato montés, el gamo y el jabalí, y abundan los conejos y las ardillas, entre las aves, las rapaces, como el águila imperial ibérica, el búho real y los buitres, negro y leonado, y las acuáticas, como la cigüeña negra y la grulla real. Como reptiles, destaca por su endemismo la lagartija serrana, y hay gran variedad de culebras y lagartos. 

            En La Pedriza, situada en el término municipal de Manzanares el Real, se sitúa uno de los canchales berroqueños, forjado por la erosión sobre la piedra granítica durante centenares de siglos, más espectaculares de la Península Ibérica. Aquí se reúnen los ecosistemas de roquedo más importantes del Parque Regional, a los que se añaden los pinares y las zonas húmedas, formadas por el curso del río Manzanares y sus encharcamientos. En los años sesenta, todavía se podía nadar en las heladas aguas de la charca Kindelán haciendo compañía a retozonas truchas.

            Por aquellos años, de activismo ecologista, hice el Curso de Submarinismo con Escafandra, y prácticas en Almúñecar, de la provincia de Granada, en un verano del que guardo muy gratos recuerdos. Otro verano descubrí las maravillas de algunas calas todavía medio vírgenes, por Calblanque y Cabo Cope, y Calnegre, en la costa de Murcia.

                                                                                     (Continuará)















2 comentarios:

  1. Muy interesante para los amigos de la montaña, de las calas vírgenes..y de la vida en convivencia con la naturaleza, que, a mi y a mi familia , tanto nos ha gustado..a pesar del poco tiempo que le hemos podido dedicar. Con todos estos antecedente..lo de la recuperación esta en marcha. Un fuerte abrazo amigo

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  2. Es lo que tiene casarse y tener descendencia, que tienes que emplear mucho tiempo en trabajar con y para la prole, jajajaja Como mi vocación fue tardía, me dio tiempo a visitar antes los humedales de las Tablas de Daimiel, las Dunas de Doñana, el bosque de Monfragüe, el Cañón del Río Lobos, el hayedo de la Tejera Negra, Cabañeros, cruzarme un par de veces la sierra por la Cuerda Larga desde la provincia de Madrid a El Espinar, en Segovia... Un abrazo y que no decaiga, ¡elé!

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