lunes, 30 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 12

12
El alta hospitalaria y, de nuevo: la burocracia.

         A la mañana siguiente, el enfermero del primer turno, Sergio, un chaval joven y animoso, que ya había estado el día anterior, me anunció con una sonrisa en los labios:
         - Le han dado el alta hospitalaria, luego le voy a quitar la vía, porque, de momento ya no le vamos a poner más medicación aquí. Ya le evaluarán cuando llegue al Gómez Ulla. Cuando se bañe puede ponerse la ropa que trajo al ingresar…
         Tal como lo dijo, y siendo jueves, uno de los días que recibían los otorrinos de allí, di por sentado que se trataba de un traslado al otro hospital. Salió a atender a otros pacientes.



        Cuando regresó ya me encontraba bañado, vestido y desayunado, y ojeaba prensa atrasada.
         - Tienen que traer el informe de los otorrinos, y también tengo que hacer los míos con los cuidados que tiene que tener en su domicilio de la sonda vesical y el cambio y mantenimiento de las cánulas.
         Me quedé perplejo, ¿qué prisa corrían esos temas si me trasladaban a otro hospital? Y así se lo expresé al enfermero.
         - La ambulancia le llevará de momento a su domicilio en Madrid, por lo visto tiene que empadronarse allí antes de que puedan atenderle en el Gómez Ulla.
         - ¿Cómo voy a estar en casa con la bolsa del pis? -me indigné -. Tengo que salir a hacer gestiones y compras, y no me voy a pasear por la calle con la bolsa en la mano, me la quitarán antes…
         - No se puede, se la pusieron el 28 y el tratamiento es de quince días.
         El mundo se me venía encima: alimentación líquida y por papillas, seguía moqueando y tosiendo todo lo que quería, y, para más, los cambios del tubo  de la cánula, que todavía no había hecho yo por completo ni una sola vez… y encadenado a la bolsa vesical como un presidario clásico a su bola de hierro.
         - Pues me esperaré aquí hasta que el alta sea un alta de verdad.
        - Como desee, pero ya está avisada la ambulancia, como a estas horas hay mucho tránsito, hay que hacerlo con mucha antelación. Siéntese que le voy a quitar la vía…
          Me la quitó y volvió a salir. Tenía Sergio una mañana muy activa.


         Tras el primer rebote, producido por lo inesperado de la noticia de que el alta era hacia casa y no para continuar con el tratamiento en otro hospital, recapacité sobre los pros y contras de tener que pasar un nuevo fin de semana en la 315, llevaba quince días encerrado en el hospital y ya apetecía tomar un poco de aire fresco. Preparé un tubo de cánula con su anclaje, y babero, y me encaminé hacia el espejo del baño, a enfrentarme con la visión de esa pequeña comunicación directa que tenía con mi interior… Si se lograba mantener la serenidad, y evitar algún inoportuno acceso de tos, siguiendo los pasos que ya había practicado ayudado, tampoco resultaría tan complicado… 


               Regresó el enfermero con varios informes dentro de una carpeta, el de nutrición estaba acompañado por unas recetas para reforzar la dieta diaria con la ingesta, dos veces al día, de unos batidos muy ricos en vitaminas, proteínas y minerales. 

                Había preparado una abultada bolsa con todo cuanto debía llevarme, aparte de las pertenencias personales, que me habían ido trayendo poco a poco, todo el material de repuestos para la limpieza de la cánula y su mantenimiento, un gel hidratante, muchas toallitas y gasas... Se aproximaba el mediodía y la ambulancia no aparecía. Tuve tiempo de leer detenidamente los informes. Me los podía haber aprendido de memoria.

              Como a la una, apareció por la habitación el conductor, provisto con una silla de ruedas, traía prisa, que casi se pone en marcha sin dejarme colocar la bolsa del pis… La ambulancia subió la cuesta que lleva a la carretera de Valencia y pronto el Hospital Universitario del Sureste y los últimos quince días, tan intensos, a veces, y tan monótonos, a menudo, pasaron a ocupar un lugar en la memoria.

          Las viviendas las tenemos adaptadas a la salud que gozamos habitualmente, cuando ésta se pierde, y no es por una simple gripe de dos días, empezamos a sufrir incomodidades, algunas difíciles de resolver. Cuando se está traqueotosmizado es necesario dormir con la cabeza levantada para facilitar la respiración, las camas articuladas de los centros médicos son ideales para tal fin, pero las nuestras son totalmente planas y horizontales, y colocar dos almohadas no resuelve el problema por completo, se tarda en conciliar el sueño buscando la postura adecuada… Y, más si te sale del centro un tubo elástico, conectado a una bolsa, que se puede enredar en cualquier parte. Claro que también hay compensaciones: nadie te va a impedir tomar cuanto café desees, ni te hablarán de protocolos si te apetece mojar galletas a la hora del desayuno… y, sobre todo, la calle y el parque cercano, los rayos de sol reconfortando la piel, aunque tengas que llevar en la mano, escondida dentro de una florida bolsa comercial, otra bolsa de insólito contenido…


               El viernes ya estaba empadronado y tenía nuevo médico de cabecera, pero…  a orillas del Manzanares. Aunque hay un ambulatorio a unos cien metros de casa, la cosa está organizada de tal forma que los ciudadanos, que vivimos a este lado de la Vía Carpetana, no tenemos derecho a su utilización, sino que nos corresponde uno que se encuentra situado justo en el extremo opuesto del Parque de San Isidro… Estará muy bien desde el punto de vista organizativo y del reparto de las sinergias, pero me pregunto una vez más: ¿Quién paga el Sistema Público de Salud: los trabajadores con los descuentos en sus nóminas o los funcionarios que reciben su sueldo de este dinero? Porque parece justo lo contrario, y según se vaya avanzando en el relato se irá poniendo más de manifiesto que el trato que se recibe, en múltiples ocasiones, por parte de la administración, es como si te estuvieran haciendo un favor gratuito, no como si les llevarás alimentando desde la adolescencia. Señoras y señores, menos llorar porque pierda la final de la Champions el Atleti, estas cuestiones sí que nos debieran dar auténtica pena, y ¡nos tienen sorbido el coco!

           En el hospital había seguido tomando el hierro con las comidas. Y aunque ya no lo tomaba, su poder astringente se iba poniendo de nuevo de manifiesto, poco a poco. El sábado, después de cenar comencé a notar que algo no iba bien. Tenía gases y no los podía evacuar. Imposible permanecer tumbado en la cama, los paseos infructuosos al baño se alternaban con retortijones. En alguna de las idas y venidas la sonda vesical se debía de haber enganchado en algún sitio, y comencé a sentir dolores también en la uretra y a ver como el pis, que llegaba a la bolsa, iba adquiriendo un color rosado…


         Avisamos al Samur como a las cinco de la madrugada. Otro de los servicios que ofrece es la visita domiciliaria de un enfermero. Y, como la situación no les pareció muy grave, quedaron en que nos enviarían uno… No nos advirtieron que más que uno era el único, pues en fines de semana sólo tenían disponible un coche para atender a toda la ciudad de Madrid y aledaños… ¡Portentoso!, llegó hacia las siete de la mañana, cuando ya dudábamos de que viniese y andábamos pensando si llamar a un taxi y acudir a una urgencia hospitalaria por nuestra cuenta. Y más nos hubiera valido, porque la enfermera, era una señora quien me exploró, dijo que lo más probable es que la sangre se debiera a una infección interna y que no contaba con medios para poder dar un diagnóstico claro y resolver mi situación, que avisaba a una ambulancia para que viniera a recogerme, extendió un informe para que lo entregara en Urgencias, y se fue.

         La ambulancia me condujo de nuevo al Hospital Central de la Defensa-Gómez Ulla. Con mi flamante empadronamiento todavía fresco me sentía el "Rey del Mambo", era de suponer que no tendría problemas, pero…

                                                                                                                                                                                                               (Continuará)





domingo, 29 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 11

11
La habitación 315. La ecografía y el 2º vídeo.

             Llegó el martes, 3 de mayo, y con él la actividad completa al hospital, después del ralentizado fin de semana.


           Estaba descansando en el sillón, en espera de que vinieran a hacerme la cama, cuando pidió permiso para entrar una señora de unos setenta años, que llevaba una bata blanca sobre la ropa de calle. Era menuda y vivaracha, y se presentó como una voluntaria que iba ofreciéndose a los pacientes para hacerles compañía durante un rato, y que, si no me importaba, se quedaría conmigo un momento. Le agradecí la deferencia pero dije que me sentiría incómodo si ella continuaba de pie y yo sentado. Me contestó que no me preocupara, que estaba acostumbrada, y de seguido se puso a hablar y hablar: de ella, de su marido, de sus hijos, de donde habían estado el largo fin de semana… Era de Extremadura, de Cáceres, había sido Maestra de Escuela. En alguna ocasión intenté que el monólogo se convirtiera  en diálogo…
            - Conozco más Badajoz, hice allí la mili… -misión imposible, la señora iba a “piñón fijo”. Hacía muchos años que vivía en Arganda del Rey, su marido estaba ya jubilado… Parecía que más que un voluntariado para entretener a los enfermos estaba practicando una terapia recomendada por un sicólogo. “Seguro que, con todo lo que raja, en su casa ya no la escuchan, y tiene que recurrir a esto, para sentirse realizada”, pensé.
 
             En eso estábamos, cuando vino a buscarme, con su inseparable silla de ruedas, la simpática celadora, que ya me resultaba familiar, para bajarme a Radiología. La voluntaria me dijo que volvería después, si no me importaba…

           Me atendió la doctora María Victoria, una señora muy seria al tiempo que amable, y decidió extender la exploración a todo el abdomen. Según me iba pasando el aparato y se visualizaba la zona explorada en la pantalla, me iba informando en voz alta de lo que iba viendo, es probable que lo estuviera grabando para ayudarse al escribir el informe. O que, como también realizaban consultas externas, se hubiera acostumbrado a ir haciendo las descripciones de lo que veía a las señoras embarazadas, para que se fueran familiarizando con lo que se les venía. Comenzó por los bultos:
        Tumoraciones palpables en ambas regiones inguinales-púbicas, que ecográficamente corresponden a mallas quirúrgicas, sin signos de recurrencia herniaria ni de colecciones perimalla. Le operaron de hernias inguinales, ¿verdad?
               - Sí -contesté.
         - Pues los bultos está producidos por las mallas que ponen como protección, que como ha adelgazado tanto, se han ido enrollando sobre sí mismas. No se preocupe que no es ningún problema, si vuelve a coger peso regresaran a su ser y desaparecerán los bultos.
          Respiré aliviado. Con lo de las posibles ramificaciones que había detectado la resonancia ya no sabía a qué atenerme…


                 - Ya puestos, examinaremos el resto de las vísceras -continuó. Y siguió explorando, y hablando a intervalos: -Hígado de tamaño y morfología normal, bordes lisos y ecogenicidad homogénea, sin evidencia de lesiones focales… Radicales biliares intra y extrahepáticos de calibre normal… Vesícula biliar de tamaño y grosor de pared normal, sin imágenes litiásicas en su interior… páncreas de tamaño, grosor y ecogenicidad normales… bazo de tamaño normal y ecogenicidad homogénea… Ambos riñones de tamaño normal, con buena diferenciación cortico-medular, sin dilatación de vía excretora ni imágenes de litiasis… Vejiga vacía, con globo de sonda intravesical… Próstata bien delimitada de 22cc de volumen… No se observa líquido libre intraabdominal -hizo una pausa más larga, y me dio unas gasas -. Bien, hemos terminado, vaya limpiándose la crema, y se cubre. No se observa ninguna anomalía.
                  - Gracias, doctora.
                  - Puede sentarse en la silla, llamaré para que venga un celador.

            En la habitación, tenía un mensaje en el móvil: por la tarde me vendrían a visitar unos familiares. Apareció de nuevo la voluntaria, pero sólo para informarme de que se le había hecho muy tarde y se tenía que ir a preparar la comida a su marido, que ya volvería otro día, si a mí no me importaba. Agradecí, a las manecillas del reloj, que se hubieran acelerado aquella mañana, porque ya me había mareado bastante antes.


                Había noche de Champions, la semifinal Bayern de Munich vs. Atlético de Madrid, y una cadena televisiva lo emitía en abierto. Se daba como favorito al equipo alemán, para quien quisiera pasarse un par de horas de sufrimiento, viendo como los delanteros teutones asediaban la meta madrileña, lo tenía asegurado. No por puro masoquismo, sino porque tengo confianza en los equipos futboleros de mi ciudad, me decidí a verlo. Y no me defraudaron, ni las dosis de sufrimiento hasta el último segundo del encuentro ni el resultado final… El Atleti, del que son seguidores mis dos hijos, estaría presente en la final de Milán. ¡Força Atleti!

         Los resultados de la ecografía, cuando llegaron a manos de los otorrinos, al día siguiente, les dieron esperanzas sobre una evolución positiva de mi enfermedad, y decidieron rodar un nuevo vídeo, y valorarlo a continuación en sesión clínica. Esta vez me vino a buscar a la habitación un celador, varón y poco locuaz.

         Ya en consulta, me informaron que el primer vídeo no había quedado bien grabado, y querían repetirlo para poder enviarlo a sus colegas del Gómez Ulla. Y, con ligeras variantes se siguió el mismo guión que la primera vez, y volví a sufrir las mismas incomodidades, que me dejaban mal cuerpo para el resto de la jornada.

          Sentado de nuevo en la silla de ruedas con la bolsa del pis en el regazo, me sacaron al pasillo para tener la sesión clínica a puerta cerrada, quizá con una primera intención de comunicarme el resultado antes de reenviarme a la habitación. El caso es que, después de pasado como un cuarto de hora, cuando me sentía muy incómodo, salió uno de los doctores a decirme que ya habían avisado al celador, que enseguida vendrían a por mí. Con lo que me quedé sin enterarme de cual había sido la conclusión final.


         Tal vez fuera aquella tarde que se me ocurrió, por vez primera, lo de escribir un blog con mis experiencias médico-hospitalarias. Relatar siempre me salió fluido desde mis primeras experiencias escolares, quizás porque desde siempre había leído mucho y el cerebro es una esponja, que todo lo absorbe, y a la vez una expendedora de ideas nuevas, que estructura y reordena lo cosechado, según insospechados mecanismos, produciendo síntesis maravillosas, es lo que se llama la creatividad.

             En la casa paterna, que en realidad era de mi abuela María, con quien la compartíamos, había pocos libros, no había mucha afición a la lectura entre la clase obrera, a mediados del siglo pasado, de Las Españas, porque para leer hay que tener un cierto tiempo que dedicar al ocio, y a la sazón, mucho Fuero del Trabajo sobre el papel, pero el trabajador no disponía siquiera de la semana inglesa, como se denomina aquella en que los sábados por la tarde se tiene asueto. Eran ocho horas cada día, seis días a las semana, y si no hacías horas extras o te buscabas un segundo trabajo complementario tenías difícil lo de llegar a fin de mes, porque trabajo no faltaba, pero a muy bajo salario..., nos van a venir ahora los chinos a enseñar lo que ya se sabía por aquí hace medio siglo. 



              Como decía, había pocos libros, pero tuve la suerte de que dos fueran de lo “mejor imposible”: una traducción en prosa de “La Divina Comedia” de Dante, ilustrada con estampas,  y el “Quijote para los Niños”, que, a pesar de la facilidad que prometía su título, tenía más de cuatrocientas páginas de letra muy pequeñita, la edición era en cuarto, y estaba profusamente ilustrado con grabados de trazo simple. Si le añadimos el Nuevo Testamento, que era de rigor tener siempre a la mano en un estado confesional nacionalcatólico -el crucifijo presidía todas las aulas colegiales, franqueados por sendos retratos de Franco, siempre con uniforme militar, y José Antonio, siempre con la camisa azul de la Falange-, constituye un repertorio tan corto como selecto de elementos literarios… Y para poesía, que mejor que la radio, propia o del vecino, si la dejabas la tuya descansar un rato, porque el volumen siempre se ponía a tope, soltando canciones sin parar: “Apoyá en el quicio de la mancebía, mirabas entreabrirse la noche de mayo, pasaban los hombres y tú sonreías, cuando en tu puerta bajé del caballo…”, no cambió la sencillez de Rafael de León ni por la intelectualidad de Jorge Luis Borges…

         Tarde bastantes años en decidirme a romper aquellas cochambres líricas que escribía desde los once años y, aún así, algunas se quedaron clavadas en la menoría:
Ana Rosa, mi alma
quedó prendida
en tus dulces espinas,
y no hay en mi calma
desde que te obstinas,
en así ocultarme
tus gracias divinas…

         Claro que ningún buen calígrafo lo llega a ser sin haber echado antes una buena colección de borrones, y ahora me basta cualquier tonta disculpa para parir un soneto:

AL DESNUDO

Forma cual huracán poderosa,
Espléndidamente abierta al sensible
Devenir de tu entorno y hendible-
Mente espiritual como la rosa

Continente de la esencia amorosa
Que en ti logra lo contrario unible,
Máxima perfección de lo visible,
Manantial de futuro ¡Forma hermosa!

Desnudo cuerpo humano: sincero,
Libre y arrogante, despojado
De manchas, brillante cual acero,

Por pureza y verdad siempre gozado,
Parte del Universo y Mundo entero,
¡Limpio confín del alma enamorado!

            Lo que leíste antes siempre acabará por aparecer en lo que escribas: en mi primer relato,"En la laguna", tenía por fuerza que figurar San Juan Evangelista.

                                                                                    (Continuará)
  

sábado, 28 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 10

10
La habitación 315. El largo fin de semana

         Otra de las noticias que destacaba el periódico era, en deportes, el comienzo del Abierto de Tenis de Madrid en la Caja Mágica, y que era retransmitido por Teledeporte. Juntar un partido de tenis con el Telediario de las tres de la tarde, que informaría sobre las manis del 1º de Mayo, y prolongarlo en la película de la tarde en alguna cadena, sino es que me entrara sueño después del almuerzo, sí parecía una inversión rentable para los cuatro euros que me iban a costar las seis horas de programación continuada.

       Cada uno de los brazos que conformaban el hospital de residentes conectaba de una forma diferente con el resto del edificio, excepto en el que se encontraba la habitación 315, que era fachada: uno comunicaba con la zona de maternidad, otro con una zona administrativa y el otro con un eje vertical de ascensores y escaleras, organizado como sala de espera, con máquinas para café, refrescos y tentempiés. Allí es donde se encontraba el aparato desde el que se podía alquilar el uso del televisor, siguiendo unas sencillas instrucciones. Según el plan de visionado, que me había trazado, la hora ideal, para comenzar la programación era hacia las 12 del mediodía, así que me puse en camino con mi inseparable bolsa del pis metida en una bolsa de plástico, que me había proporcionado una auxiliar con el fin de que, cuando paseara, no fuera exhibiendo mis humores a los otros pacientes y visitantes.

        Cuando regresé, me estaba esperando el doctor Gonzalo, que tenía guardia aquel domingo, y que por ser el primero del mes de mayo se celebraba también el Día de la Madre. Se había pasado para ver como seguía mi evolución y de paso cambiarme la cánula.
            - Ya deberías comenzar a cambiártela tu solo, porque en casa no te va a quedar más remedio que hacerlo… -pero me puso la limpia él, lo que le agradecí, porque el hecho de verme en el espejo el agujero ya me daba yuyo -, hay que cambiarla como mucho cada cuarenta y ocho horas, y mejor cada día.

          Volvió a salir el tema de las preguntas, y me resolvió algunas dudas sobre lo que podía y no podía comer y beber.
             - No se te ocurra tomar nada de alcohol, ni siquiera una cerveza, en tu actual estado y con medicación te causaría serios problemas.
            Se fue a las urgencias tras de desearme una linda jornada.

          Después de un par de intentos fallidos, tampoco era tan fácil el manejo del mando, como lo anunciaban, conseguí conectar con Teledeporte y el Open de Madrid. Estaba en pista la española Carla Suárez, que había perdido el primer set y, ahora, se encontraba por delante en el segundo. La Caja Mágica es un amplio complejo deportivo con muchas pistas de tenis, que se había levantado hacía pocos años con motivo de optar la Ciudad de Madrid a que se celebraran en ella los Juegos Olímpicos. La candidatura fracasó y la ciudad se había quedado con unas instalaciones de costoso mantenimiento, en un barrio periférico, San Fermín, a orillas del Manzanares, que prácticamente sólo eran usadas por completo durante la breve celebración anual del Abierto.

            Almorzar visionando el Telediario de las tres era acercarme un poco a las costumbres habituales, estar más cerca de casa. Las noticias sobre el 1º de Mayo eran también tan iguales a las de años precedentes: el desfile militar en la Plaza Roja de Moscú, más de lo mismo en China, las procesiones sindicales en Barcelona y Madrid, con tan similares discursos en la boca de los líderes de los trabajadores… que contribuían a hacer dudar del lugar donde me encontraba. Sólo las imágenes de enfrentamientos entre manifestantes y policías en la Plaza de la Bastilla, de Paris, daban señal de aún quedaban lugares donde se luchaba por mantener la dignidad de la clase obrera…


        Como si fuera bueno, tuve la suerte de que esa tarde programaran “La fuerza del cariño”, de James L. Brooks, (director a quien se conoce más por su trabajo en la serie de dibujos animados Los Simpson), que no había tenido oportunidad de ver cuando fue estrenada allá por el año 1983,  y que ganó cinco Oscar: a la mejor película, mejor director, mejor actor de reparto (a Jack Nicholson, que hace el papel de un pintoresco astronauta en excedencia, vecino y cortejador de Aurora), mejor actriz (a Shirley MacLaine, Aurora, protagonista con muchos registros) y mejor guión adaptado, pues el original es la novela, del mismo título. Su historia gravita en torno a la relación entre una madre, Aurora, y su hija Emma, papel que interpreta Debra Winger. Madre e hija comparten momentos buenos y malos, y la acción se desarrolla entre la comedia, al principio, con algunos excelentes "gans", y el drama, al final, y, como de ésto me sobraba, intranquilo como estaba esperando a que el martes me hicieran la ecografía, para comprobar la procedencia de los bultos que me habían aparecido en el vientre, apagué el televisor. La peli, sin ser tanto como para ganar las cinco estatuillas, resulta agradable para pasar las primeras horas de una larga tarde festiva. 
             
            Si mi existencia hubiera seguido transcurriendo sin este brusco corte, que me hizo conocer a mi Alien, hubiera sacado, en esta tarde dominical, algún momento para reeditar, en el grupo que administro en la plataforma Facebook, Nochesblancas, mi obra de teatro, y musical, “Tragicomedia de Manuela y el Teniente Ruiz”, como acostumbro a hacer desde que la escribí, unos años atrás, cada 2 de Mayo, como homenaje a mi muy admirado pintor don José Francisco de Goya y Lucientes, pero aquí me encontraba, en el dique seco, sin posibilidad de tener acceso a un ordenador conectado a Internet.



             La acción se desarrolla en la plaza del Rey de Madrid, junto a la Casa de las Siete Chimeneas, pintoresco y misterioso edificio de piedra, que ya ha dado pie a la escritura de más de una obra sobre apariciones, donde en la actualidad se levanta el Monumento al Teniente Ruiz, uno de los héroes del 2 de Mayo, que junto a los capitanes Daoíz y Velarde, sublevaron el Cuartel de Artillería de Monteleón, en el barrio de Malasaña, contra la invasión francesa, dándole armas al Pueblo con que defenderse, en 1808, en dos tiempos alternativos, el de la fecha conmemorada y el de 1958, cuando todavía el Circo Price, tenía su primitiva ubicación allí, y se llevaban ya muchos años de otro tipo de opresión, la dictadura franquista. Los personajes hacen un doble papel, uno de cada época, y, como muestra, incluyó una escena:  
                 
“ÚRSULA
El Señor habla solo y en la oscuridad, debería comer más y descansar… acabará por volverse loco.
GOYA
El artista no tiene descanso, su dormir es una prolongación de sus sueños diurnos. Querida Úrsula la locura de crear la llevo en vena desde que nací, apaga esas candelas, por favor.
(Úrsula sopla las velas del candelabro y se vuelve a hacer la oscuridad en la casa mientras que crece la luz sobre el banco donde están los amantes, quitándose la toquilla, que la cubría, Manuela Malasaña es ahora Manuela Muñoz, con su traje de legionario, y poniéndose su nariz roja de payasa y con una rosa roja en la mano hace una pantomima para el público, mientras el coro canta)
CORO
Liberté, Egalité, Fraternité… L’Amour
Liberté, Egalité, Fraternité… L’Amour
Liberté, Egalité, Fraternité… L’Amour
Liberté, Egalité, Fraternité… L’Amour… L’Amour
(Luego se dirige hacía el Circo Price mientras el escenario se oscurece)”


viernes, 27 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 9

9
La habitación 315. El 1º de Mayo y la ecología.

         Me continuaban administrando, puntualmente, las tres dosis diarias de medicación con cada nuevo turno de enfermería, y tenía que permanecer enganchado a la cama durante su administración, pues los aerosoles necesitaban del oxígeno y la máquina estaba en el panel, tras la cabecera. El antibiótico, las vitaminas y los calmantes me los administraban gota a gota, éstos últimos sólo los ponían si los pedía porque intentaban que fuera dejando de tomarlos, lo que era bastante complicado de hacerse realidad, pues la función de los aerosoles era contribuir a fluidificar las mucosidades para facilitar su expulsión, lo que me producía toses acompañadas de irritación de garganta y dolor en la zona afectada por la operación.
         Ya había desayunado, y me encontraba tumbado reposando, cuando apareció el quiosquero trayéndome la prensa que, como de sábado, traía abundancia de complementos y encartes. Las noticias eran bastante similares a las del día anterior, en nacional el tema de la repetición de elecciones, en internacional la guerra de Siria, las cuotas de emigrantes que estaba dispuesta a admitir la Unión Europea, el calentamiento en Francia de la lucha sindical, con motivo de las reformas propuestas por François Hollande, preparando la jornada del 1º de Mayo…
                      

         Miré la reseña de las manifestaciones sindicales en Madrid propuestas para el día siguiente. Como era habitual desde hacía bastantes años cada sindicato hacia las convocatorias por su cuenta, buena muestra del espíritu insolidario de los predicadores de la solidaridad obrera. Sólo los dos sindicatos mayoritarios, la Unión General de Trabajadores, socialdemócrata, y Comisiones Obreras, de procedencia comunista, la hacían  conjunta, por la calle de Alcalá con terminación en la Puerta del Sol. Los anarcosindicalistas de la Confederación Nacional del Trabajo, la convocaban por la calle de Bravo Murillo, con final en la glorieta de los Cuatro Caminos, la Confederación General del Trabajo, fracción desgajada de la CNT en los años de la Transición, en otro lugar, la Unión Sindical Obrera, de adscripción cristiana, en otro diferente…


           En tiempos muy lejanos, participé en la lucha sindical, cuando todavía era estudiante, militaba en el Sindicato de Construcción de la CNT, que tenía su sede en la plaza de Tirso de Molina. Tiempos apasionantes aquellos, en que contribuí a la devolución del Patrimonio Sindical, usurpado por el franquismo, a sus legítimos dueños, por las bravas, ocupando un local abandonado por el Sindicato Vertical en Villaverde Alto, Madrid, un 1º de Mayo, que es hoy sede de la Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo. Y, completando la labor, participé en las negociaciones para recuperar la documentación, tanto de la CNT, como de la Federación Anarquista Ibérica, que, embalada en cajas de munición, fue sacada de las Españas en los últimos días de la Guerra Civil, y que, después de diversos avatares, había recalado en el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam. 
         Complicadas negociaciones, porque los del Instituto consideraban aquellos documentos como la perla de la corona de su patrimonio, y no estaban dispuestos a prescindir de ellos  a las primeras de cambio, aparte de que por ahí todavía se tenía como muy probable una involución política en nuestro país. El entrechocar de los sables de los Milans del Boch y compañía se escuchaba más nítido fuera que dentro de nuestras fronteras. Condición indispensable para la devolución era que quedara allí una copia completa de cuanto documento, cartel, fotografía, manuscrito, etc., estuviera dentro de aquellas cajas de madera, que en su día contuvieron cintas con balas de ametralladora, según figuraba todavía en el etiquetado de algunas, de forma tal que cualquier erudito pudiera tener las mismas posibilidades de estudiar el material histórico como si estuviera en sus manos la documentación original.

          Aunque por aquí tenemos la tendencia a considerarnos cristianos viejos, con independencia de que tengamos religiosidad o seamos descreídos, la herencia moruna, de los Reinos de Taifas, la llevamos inyectada en vena mucho más de lo que nos pensamos. Viene esta reflexión a cuento de explicar la principal causa de mi alejamiento del movimiento libertario. Con este afán innato que tenemos por generar absurdas, desde mi punto de vista, banderías, a finales de los setenta se bifurcó el anarcosindicalismo, unos, que se autodenominaban la tendencia purista, más afines a la tradición de una tutela sindical a cargo de la ideológica Federación Anarquista Ibérica, y otros, más aperturistas, con deseos de cambios y de adaptar el sindicalismo a los tiempos que corrían, así que en un momento dado me vi en la tesitura de tener que elegir entre la primera, donde tenía buenos amigos, y la segunda, donde también los tenía y opté por… buscar aires menos contaminados en el movimiento ecologista.


         Me enrolé en Amigos de la Tierra, y, a los pocos meses de actividad, formaba parte de su Secretaría Permanente, en calidad de Secretario de Medio Ambiente Urbano, organizaba campañas reivindicativas, daba conferencias divulgativas y participaba en debates públicos.

            Campaña bien organizada, y con resultado óptimo, fue la consecución del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares, el espacio natural protegido de mayor superficie de la Comunidad de Madrid y uno de los de mayor valor ecológico y paisajístico, en 1985, después de varias marchas peticionarias por el Monte del Pardo en años anteriores, en algunas de ellas teniendo que ser escoltados por la Guardia Civil, porque espacio protegido es sinónimo de lugar en donde los especuladores deben cesar de realizar sus actividades, tan lucrativas como poco respetuosas con la naturaleza, y el dinero, ya sabemos, lo puede comprar todo, hasta boicoteadores de manifestaciones.




                                       
           La Unesco lo declaró Reserva de la Biosfera en 1993. Tiene variados ecosistemas, entre los que destacan la alta montaña -su altura culminante es las Cabezas de Hierro, con 2.383 metros-, los encinares, los enebrales, los jarales, los melojares y las zonas húmedas. En cuanto a fauna destacan, entre los mamíferos, la presencia del gato montés, el gamo y el jabalí, y abundan los conejos y las ardillas, entre las aves, las rapaces, como el águila imperial ibérica, el búho real y los buitres, negro y leonado, y las acuáticas, como la cigüeña negra y la grulla real. Como reptiles, destaca por su endemismo la lagartija serrana, y hay gran variedad de culebras y lagartos. 

            En La Pedriza, situada en el término municipal de Manzanares el Real, se sitúa uno de los canchales berroqueños, forjado por la erosión sobre la piedra granítica durante centenares de siglos, más espectaculares de la Península Ibérica. Aquí se reúnen los ecosistemas de roquedo más importantes del Parque Regional, a los que se añaden los pinares y las zonas húmedas, formadas por el curso del río Manzanares y sus encharcamientos. En los años sesenta, todavía se podía nadar en las heladas aguas de la charca Kindelán haciendo compañía a retozonas truchas.

            Por aquellos años, de activismo ecologista, hice el Curso de Submarinismo con Escafandra, y prácticas en Almúñecar, de la provincia de Granada, en un verano del que guardo muy gratos recuerdos. Otro verano descubrí las maravillas de algunas calas todavía medio vírgenes, por Calblanque y Cabo Cope, y Calnegre, en la costa de Murcia.

                                                                                     (Continuará)















jueves, 26 de mayo de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 8

8
La habitación 315. Un diagnóstico y su comentario.

         En portada se informaba de que los políticos ya se habían cansado de marear la perdiz y se iban a convocar nuevas elecciones para el verano. Yo lo vi claro desde el primer día, y no me las doy de vidente, después de conocer el diabólico resultado con que nos habíamos expresado los españolitos en las urnas, con un espectro fragmentado al máximo, y conociendo, como conozco, la nula tendencia a sacrificar en un ápice su propia entidad, en aras del bien común, que tienen todos los políticos actualmente en escena, aunque prediquen de cara a la galería justamente lo contrario. Tras el piscolabis de las once de la mañana, hilamos conversación, los compañeros, sobre la jornada electoral del día anterior y las posibilidades que se presentaban de formar gobierno, y les comenté mientras encendía el segundo cigarrillo del día: “Si el Presidente de Gobierno tuviera vergüenza torera, que no la tiene, sabiendo, como sabe, que nunca le van a dar votos suficientes los demás partidos para que se invista él de nuevo, dejaría de hacernos perder el tiempo a todos y convocaría ya mismo nuevas elecciones”
.
         Y llevaba ya un rato hojeando, sin mucha concentración, el diario cuando me vino a visitar uno de los otorrinos, Gonzalo. Era joven, entre 35 y 40 años, desde mi perspectiva un imberbe, aunque la lleva, y muy bien cuidada, y simpático. No sé si lo echaron a suerte o, dado su carácter extrovertido, se había presentado para darme la noticia, porque no era buena.
         Tras de comprobar cómo iba evolucionando la operación y cambiarme de cánula, ayudado por la enfermera, la hizo salir y entró en materia.


                                     
         - Como recordarás, para poder hacer una valoración definitiva del procedimiento a seguir con tu enfermedad, estábamos pendientes del resultado de la resonancia magnética y… siento comunicarte que se han detectado posibles infiltraciones hacia los pulmones, que imposibilitan que pueda, de momento, realizarse la operación. Así, que hay que pasar a lo que Juan Antonio te propuso como alternativa segunda: radioterapia y quimioterapia, bien juntas o bien por separado, con objeto de la neoplastia deje de crecer e intentar que, con el tratamiento, se vaya haciendo más pequeña - se paró un momento para comprobar que efecto había tenido en mi la noticia. Yo permanecía impasible, y prosiguió: - En la reunión, que hemos tenido el equipo, se ha visto que, puesto que ya no vives en Rivas y, vas a necesitar atención primaria de enfermería, en caso de que tengas algún problema con la cánula, es mejor que te empadrones en tu actual domicilio, y te pongan ya el tratamiento los otorrinos y oncólogos del Gómez Ulla. A tal efecto, nos hemos puesto en contacto con ellos y te atenderán en cuanto llegues allí y les presentes el informe de alta hospitalaria que te estamos haciendo. Sólo hay una pequeña pega, pasan consulta los jueves y lunes, y da la casualidad que este lunes es festivo, por lo que no corre ninguna prisa dártela pues hasta el jueves no te atenderán…

        - También está pendiente una ecografía de vientre -me acordé, de improviso-, que me tienen que hacer, de unos bultos que me han salido…
              - No sabíamos nada, déjame ver.
              - Ya los comprobó el cirujano cuando lo de la retención de orina, y dijo que la iba a pedir.

               Me había descubierto la zona y comenzó a explorar.
               - ¿Desde cuándo los tienes?
               - Los noté como desde unos quince días… antes de la operación. Ya lo dije en urgencias del Gómez Ulla, el primer día…
                - ¿Te duele, cuando aprieto?
                - Hoy no, cuando me apretó el cirujano, sí…
              - En cualquier caso habrá que hacer la ecografía, pedirla o, si ya lo hizo el cirujano, enviar un recordatorio a rayos de que sigue pendiente. Bien, el panorama ha cambiado, supongo que tendrás alguna pregunta que hacerme al respecto.

            Tenía muchas preguntas, tantas que permanecí callado tratando de ordenar mis pensamientos. Luego fueron saliendo poco a poco, unas sobre cuestiones muy concretas, y otras más dispersas, hasta que conseguimos llegar a una conversación fluida sobre lo divino y lo humano. 

                Gonzalo es creyente, practicante católico, e intenta comunicar su fe a los pacientes, con la loable intención de que la oración les ayude a mantener una actitud digna ante la enfermedad. Yo, agnóstico, del Nuevo Testamento me quedó con la definición que da San Juan: “Dios es Amor”, aquello tan interesante de que “todos somos Hermanos en Cristo”, principio básico de la solidaridad, que puede considerarse a nivel de personas, y también de los Pueblos, lo de “mirad las aves del cielo, como ni aran ni siembran y no les falta alimento”, al fin y al cabo, como artista siempre más cigarra que hormiga, la belleza literaria del Apocalipsis…

              Como complemento religioso utilizo “El Principito”, de Antoine de Saint-Exupéry,  un relato considerado como un libro infantil por la forma en la que está escrito, pero en el que en realidad se tratan temas profundos como el sentido de la vida, la soledad, la amistad, el amor y la pérdida… Con  reconsideraciones tan importantes como «Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos», «Te haces responsable para siempre de lo que has domesticado» o «El tiempo que perdiste con tu rosa hace que tu rosa sea tan importante», en la que la flor está sustituyendo, en un lenguaje poético, al amor y la amistad… Y algún día, cada uno, como el Principito, volaremos al asteroide que nos ha sido asignado desde la eternidad sin el lastre de la materia. Como cantara, usando una estrofa poética llamada lira, Fray Luis de León, allá por el Siglo de Oro:

“Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro al süelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado;
El amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente;
la lengua dice al fin con voz doliente:
Morada de grandeza,
templo de caridad y hermosura,
mi alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel, baja, oscura?
        


El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando,
y con paso callado
el cielo vueltas dando
las horas de vivir le va hurtando.
¿Quién es el que esto mira,
y precia la bajeza de la tierra
y no gime y suspira
por romper lo que encierra
el alma, y de estos bienes la destierra?

         Gonzalo se despidió cuando me trajeron la bandeja con el almuerzo, recordándome otra vez que el lunes era festivo, el 2 de mayo, y, por tanto, hasta el martes no recobraría el hospital su actividad habitual, y que se encontraba a mi disposición. Para cualquier cuestión o duda que tuviera, que no dudara en ponerme en comunicación con el departamento. 

         Tenía por delante un larguísimo fin de semana: sábado, domingo y, de propina, el lunes.

                                                                                                                                                                                                             (Continuará)