lunes, 30 de enero de 2012

CAPÍTULO 15

     En todo el centro de la Primera Parte del Ingenioso Hidalgo se puede leer por primera vez como el individuo es capaz de oponerse a los designios del Estado.
     Una reata de hombres encadenados son conducidos en contra de su voluntad por hombres armados, esto hiere la sensibilidad justiciera del Caballero de la Triste Figura, y quiere indagar sobre el particular. De un disparatado diálogo, en el que abunda el lenguaje de germanía, tanto por parte de los reos, condenados a remar en las “gurapas” del Rey, como de los componentes de la Santa Hermandad, precedente de la Guardia Civil, que “ni nones” de atender a razones, extrae la conclusión de que los debe liberar, y la suerte le resulta favorable, con lo que merced a la ayuda de los malhechores, dirigidos por un tal Ginés de Pasamonte, pone en fuga a los agentes de la justicia.

 
     Como la de cualquier pionero en nuevas lidias, su labor no es recompensada ni por unos ni por otros, así que los ladrones liberados, siguiendo la inclinación que les es propia, les asaltan, y roban hasta el rucio de Sancho, y los otros ponen precio a su captura… Pero Cervantes, en un burla burlando, diluye esta última iniciativa en una serie de relatos pastoriles en las abruptas tierras de Sierra Morena.
     Previo a la Revolución Francesa, el Marqués de Sade retomará el tema, con muy diferente protagonista, en “Angélica o la Virtud Malrecompensada”, en la prisión de la Bastilla, mientras espera que ésta caiga el 14 de julio de 1789.

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