sábado, 21 de enero de 2012

EL FAHRENHEIT ENCUBIERTO

 I)
   A veces me alucinaba escucharles debatir con acaloramiento sobre obras de las que nadie teníamos noticias de que jamás se habían escrito.

   Era en la tertulia de los jueves, en la que solíamos sazonar una rica paella de magro y pimiento rojo con comentarios y debates sobre arte, literatura y diversas cuestiones relacionadas con la inteligencia y el pensamiento del momento.

   -  Todo el énfasis está puesto en que Moisés se adiestró durante toda su vida para ser escultor, para poder grabar en la piedra los supuestos mandamientos... –decía Iñaqui, y sus manos de escultor parecían estar tallando la piedra del monte Sinaí.
   -  Sí, Thomas Mann lo describe de una forma magnífica en su cuento “Los Diez Mandamientos” – le apoyaba Arturo, crítico de arte en la prestigiosa revista “Flordeundía”.
   Inés, que tenía terminada la carrera de Filosofía, aunque se dedicaba mayormente a la fotografía artística, a veces se atrevía a apostillar que había leído mucho de ese autor y nunca había tenido noticias de la existencia de tal relato, y sus bellos ojos verdes brillaban refulgentes con la intensidad que le daba a su expresión.
   - Es un relato muy popular que ha leído todo el mundo – afirmó Iñigo dirigiendo la vista hacia Marcos con intención de que refrendara su aseveración.
   Para Marcos, más preocupado por estar a la última moda en corrientes artísticas que por profundizar en ningún pensamiento, aquellas conversaciones le parecían intrascendentes, y que se ocupaba más de quejarse de que el arroz no estaba en su punto y de coquetear con las camareras, que de seguirlas con atención, afirmó con la cabeza.
   La antropóloga Martina si que se sentía ofuscada con estas digresiones y lo tomaba como una tomadura de pelo de los amigos, y así me lo comentó en alguna ocasión, en que a la salida de la tertulia la acompañé a coger el autobús.
   -  Lo del cuento de los mandamientos pase, puede que esté incluido en alguna novela como relato secundario y que no se publique en todas las ediciones, pero que den pelos y señales de un supuesto Réquiem Alemán (1) del que nadie ha oído hablar…
   -  Conociendo el carácter provocador e inventivo de Iñigo no me extrañaría que fuera una añagaza suya, pero no acabo de comprender porque Arturo le sigue la corriente, porque es una persona de sólidos principios – le explicaba yo, entre el ruido del tránsito de la populosa calle en que nos encontrábamos.
   -    Y lo del Evangelio según San Miguel ya pasa de castaño oscuro…


(1)    Nota del editor: Deutsches Requiem además de ser una obra musical magistral del compositor Johannes Brahms, es un relato de Jorge Luis Borges incluido en su compilación “El Aleph”.

 II)
 
   Como durante el resto de la semana cada uno teníamos nuestras propias actividades era extraño que nos volviéramos a encontrar a no ser que hubiera alguna inauguración de exposición de algún amigo común. Así que el tema de los libros se quedaba en el limbo del olvido hasta que en la siguiente semana volvía a reaparecer.

   -    En dicho Evangelio se afirma que las célebres bodas de Caná eran los propios esponsales de Magdalena y Cristo, como queda reflejado en varias iconografías renacentistas, como en el cuadro de El Veronés, que se conserva en el Museo del Louvre de Paris -volvía a las andadas Iñigo.
   -    Habláis con absoluto aplomo de libros que nunca se han escrito y que no ha leído nadie – estalló Martina, cansada de soportar lo que ella consideraba una broma de extraño gusto.
   -    Que tú no lo hayas leído no quiere decir que no lo hayan leído los demás, ¿Qué opinas Carlos? – se dirigió a mi.
   -    Como ya sabéis soy más experto en poesía – eludí dar una respuesta directa, pues aunque no había leído ninguno de los textos que citaban tampoco tenía una idea formada sobre la posibilidad de su existencia.
Inés quiso aprovechar la ocasión para buscar pruebas sobre el tema.
   -    Me gustaría leer el tal Evangelio de San Miguel, ¿alguno me lo podría prestar?
   -    No sé muy bien donde lo tengo, ya sabéis que tengo una biblioteca muy amplia, pero cuando tenga un rato ya te lo busco y te lo traigo la próxima semana –se ofreció Arturo.

   A la salida de la tertulia Martina continuaba encendida con el tema, aún después de que de salto en salto se habló de “La Cinta Blanca”, la última película del director Michael Haneke, de una exposición sobre Palladio que realizaban en una conocida Fundación,  y de varias y más cuestiones.
   - No sé porque le dais tanta importancia a ese asunto
   - Es que hace un par de días me puse a indagar por las enciclopedias de la red y no encontré nada sobre esas obras a que se refieren..
   -Bueno, las enciclopedias de la red ya sabes, están realizadas con muy buena voluntad, pero como valor científico dejan bastante que desear, yo mismo tengo por allí alguna página mejor o peor hilvanada, pero la mayoría están elaboradas por amateurs o por pedantes, alguna vez que quise consultar algo me daban ganas de llorar o de reir… según la barbaridad que leía, jajajaaja

   No obstante la insistencia de Martina me había dejado una cierta duda: ¿es posible que exista un Fahrenheit encubierto? ¿Qué cuando hay un libro que tiene unas ciertas características polémicas alguien se encarga de hacerlo desaparecer hasta en las notas bibliográficas? En cualquier caso sólo habría que esperar a la siguiente semana, si Iñigo cumplía la promesa de llevarle el supuesto evangelio a Inés.

   Pero no siempre me era factible acudir a la animada tertulia porque a veces me surgían reuniones de trabajo imprevistas que me lo impedían, así que el jueves siguiente a la hora aproximada en que se celebraban me encontraba en las riveras del Tajo próximas a Toledo enseñando unas parcelas a unos inversores mexicanos.
   Pero no me libre de sus consecuencias, porque cuando ya de regreso al estudio y después de tomar una reconfortante ducha me disponía a relajarme de la tensión del día viendo un partido de la Champions sonó el teléfono…
   -    No pude asistir, ya sabes las ocupaciones – me disculpaba con Martina, que parecía muy indignada.
   -    No sólo no le han traído el libro prometido a Inés, sino que se han puesto a hablar de un manuscrito traducido por un tal Zapata en el que sostienen que la teoría sobre el sistema solar fue descubierta mucho antes de que lo hiciera Galileo por un lepero.
   -    ¿Lepero? – balbucí, con asombro.
   -    Sí, un ciudadano de Lepe, de Huelva, durante la dominación romana.
   -    En algún sitio leí que los árabes ya habían evolucionado las teorías sobre la conformación del Universo a partir de los conocimientos desarrollados por la Escuela Alejandrina, pero el conocimiento científico giró hacia el este, no hacia nuestras costas hasta que lo trajeron los Omeyas…
   -    Esto que cuentan es  muy anterior, y me tienen hasta el gorro, creo que no volveré a pisar por la tertulia! –continuó con indignación.
   -    No se os puede dejar solos… en un momento montáis una democracia, jejeje –reí repitiendo una frase atribuida a un tal Francisco Franco celestial -. Y, ¿más novedades?
   -    Mañana hay una inauguración en la galería Rara del Rey, donde expone habitualmente Iñigo, de un tal Eduardo Seoane, pinta un abstracto muy moderno, supongo que nos veremos todos por allí…
   -    Seria una buena ocasión para indagar sobre esa cuestión que te preocupa, pero no sé si podré ir…
   -    Haz un porpoder, jajaja – la escuché decir más calmada.

 III)

    Pude, y la exposición era muy bonita: mucha gente bien vestida, cuadros con mucho colorido, amigos con quien platicar, tapitas de tortilla de patatas y de jamón… y un excelente Rioja para acompañar, jajajaja
    También estaban por allí los amigos habituales de la tertulia, pero entre el barullo de la gente, la televisión que había acudido a hacer un reportaje y algún otro conocido al que hace meses que no has visto, y al que la cortesía te obliga a saludar y mantener con el una conversación, resultaba difícil tener un aparte con Iñigo o con Arturo, y más con los dos a la vez, para platicar de un tema que tampoco me interesaba demasiado.
    Inés y Martina permanecían juntas saludando a sus amistades, y seguro que cuando se quedaban solas hablando del tema de los libros, porque se me acercaban de vez en cuando para indagar si ya había hablado sobre ello con los amigos.
    Marcos andaba coqueteando con unas lindas chicas italianas que por lo visto se dedicaban al ballet y también acudió alguna vez a mis cercanías para que le echara una mano en su intento de llegar a una mayor confraternización con las muchachas. Y la oferta era tentadora porque sus largas piernas de bailarinas embutidas en unas ceñidas mallas y con unas cortas minifaldas se unían a la posibilidad siempre deseable de practicar por un rato la lengua de Dante y Petrarca.

    En las dudas de hacia donde iba a dirigir mis pasos se debatía mi mente cuando Inés colgada del brazo Arturo me libero de la obligación de tener que elegir.
    -Explícale a Carlos lo de "Ptolomeo y el pozo de Lepe", que no se lo acaba de creer, ¡anda! –le invitó a hablar.
    -Tenéis a las chicas intrigadas con esos libros que parece que sólo están a mano vuestra –le sonreí metiendo también en el ajo a Iñigo.
    -El Ptolomeo no está publicado como libro impreso, está colgado en la red como un relato virtual en un grupo dedicado a la reivindicación de la ñ y de la xhi…
    -La xhi? –pregunté extrañado.
    -Como sabéis el castellano procede de la fusión y desarrollo de tres lenguas: el griego, el latín y el árabe –se dispuso a soltarnos una disertación, que cortó Inés, volviendo al tema que la preocupaba.
    -¿Os basáis en un relato virtual, que seguramente no tiene el menor respaldo científico para hacer serías afirmaciones?, ¿cómo los otros libros de los que habláis con tanta profusión y énfasis tengan tan sólidos fundamentos…?
    - Primero hablamos de una cuestión y luego de otra, sino es imposible entenderse… -intentó zafarse del acoso –la xhi procede de una letra griega del mismo nombre que no sabemos muy bien por qué ha quedado en desuso y es de una gran importancia en el desarrollo de la cultura, cuando Omar Kayan construyó los fundamentos del álgebra le dio este nombre a la incógnita, a la que denominó “la cosa”…
    El rostro de Inés se iba poniendo cada vez más rojo a medida que se iba alargando la perorata, y creo que la cuestión habría desembocado en una discusión si no hubiera aparecido Marcos con sus dos italianas y una sonrisa de felicidad pintada en el rostro.
   -    Hemos decidido rematar la fiesta yendo a comer unas pizzas, ¿os ajuntáis?
Hablar toscano ante unos rostros agraciados ¿quién se resistiría?
   -    Tengo que terminar la entrevista con Eduardo para publicarla en la próxima revista…
   -    La “Flordeundía”, muy concordante con el arte actual..,  –apuntó Martina con ironía incorporándose al grupo.

IV)

   Las presuntas bailarinas de ballet resultaron ser empleadas de un laboratorio farmacéutico de Turín, en visita turística  por la ciudad, que habían decidido entrar en la exposición por casualidad, y, apreciadas de cerca, las supuestas mallas eran leotardos de lana, que seguro que las abrigaban bien con sus faldas tan escasas que más bien parecían cinturones anchos.
Pero eran brillantes conversadoras que también habían visto “La Mejor Juventud”, hermosa película de Marco Tullio Giordana que describe la vida y el desarrollo de la sociedad italiana desde los años sesenta al pozo sin fondo de Berlusconi, con una espléndida  banda musical de baladas de los sesenta. setenta…
   Lo que nos proporcionó un buen tema para confraternizar y enfrentar opiniones y pareceres.
   Sofía y Liliana, que tales eran sus nombres, falsos o verdaderos, fue con los que me las presentaron, se hospedaban en una especie de palacete modernista enclavado en la calle Cañizares, que había sido reconvertido en hostal, denominado de El Gato, nombre con el que popularmente se denomina a los nativos de Madrid, quizá porque tengan unas tendencias tan noctámbulas como las del felino y una cierta propensión a enamorarse de la Luna, y hasta allí las acompañamos.
   Después se acabó de desbaratar la cofradía y cada cual marchó rumbo a sus lares, unas más y otro menos preocupados con los sucesos y conversaciones que la jornada había dado de sí.
   Entre las preocupadas se encontraba Inés que como despedida me advirtió que lo primero que iba a hacer al llegar a casa era conectar el ordenador para verificar que el cuento del que habló Arturo estaba donde dijo y no era una nueva desfachatez inventada por Iñigo y por él.
   Y tanto me transmitió el desasosiego que lo primero que hice al llegar al estudio fue conectar la compu y ponerme a buscarlo.
   Allí estaba, dentro de un foro de un grupo denominado Tajoierayñoeu,
¡manda güevos con el nombrecito!, y dividido en fascículos, como a la antigua usanza de la novela por entregas.
   Ptolomeo y el pozo de Lepe 1 (El relato puede encontrarse como cuento independiente dentro de esta misma sección, por si les gusta jugar a la rayuela literaria)
   Me pareció interesante, en particular eso de tener la suerte de que te llueva del cielo una edición Príncipe del Quijote, jajajaaja; pero me caía de cansancio y soñar con lo que se escondería debajo de los leotardos gris marengo de Liliana me pareció una propuesta más apetecible que continuar con la lectura.

V)

   Con toda la actividad que tuve que desarrollar la siguiente jornada se me olvidaron todos los temas que enmarañaron mis neuronas la noche anterior, tanto a nivel consciente como inconciente,  incluido que debía recordarle a Liliana que sería de agradecer que pusiera más cuidado en la depilación del vello de su entrepierna, ¿sería por eso que usaba leotardos de lana?
Cuando dudaba en tirarme al sofá o dejarme desleír en la bañera el instinto me hizo descolgar el auricular…
   -¿Lo leíste? –me preguntaba la voz de una Inés a la vez inquisitorial e indignada.
   -Buenas tardes –le respondí -, antes que nada la cortesía y las buenas costumbres.
   -No las tengo muy buenas con el tema de nuestros “amigos” –continuaba escuchando su timbre ofuscado.
   -La primera parte me pareció interesante, ya me hubiera gustado que algún pariente me dejara alguna herencia parecida –la respondí para que viera que me hacía solidario de sus aflicciones.
   -¿Sólo leíste la primera?  -preguntó una voz agria.
   -Tenía mucho sueño y ganas de soñar con dulces sueños –me disculpe -, hoy tenía un día duro con la agenda muy repleta de citas.
   -Yo sí me leí los tres fascículos y esta mañana he llamado muy indignada a la oficina de Arturo para decirle que todo eso es una patochada y, ¿sabes que me ha respondido?
   -Las adivinanzas no son mi fuerte…
  -¡Que tengo derecho a pensar lo que quiera, y que estaba muy ocupado leyendo “La Historia del Cine que Nunca se ha Escrito” ¡
   -Todo suena muy raro, voy a continuar con lo del cuento virtual y ya después hablamos –le envié una larga cambiada.
  Pero ella no estaba dispuesta a entrar al trapo, así que volvió a la carga:
   -Cuando se habló del supuesto Requiem Alemán, me parece que dijiste haberlo leído y hasta que tenías un ejemplar.
   -Así es, pero ¿quién sabe donde estará?
   -¿No estarás también tú metido en el embrollo?
   -Ja,ja,ja,ja –reí como respuesta a tan chocante pregunta.
  -Una risa puede ser tanto un sí como un no.
   -Buscaré el dichoso libro y lo tendrás en tus manos en la próxima tertulia, broma o no pienso que no hay motivos para preocuparse tanto por el tema… Nos vemos, un beso –me  despedí.
  -Un beso y medio, pero cumple con tu palabra.
   Hay que ser ordenado: primero baño y relajación, y luego la compu.
   Parecía que trataba de un manuscrito antiguo que había sido copiado en la Edad Media y que se traducía en versión libre, así que cualquiera se atrevería a intentar conocer el sentido inicial del texto.
   Me leí la segunda entrega…
   Ptolomeo y el pozo de Lepe 2 (El relato puede encontrarse como cuento independiente dentro de esta misma sección, por si el lector sigue con el gusto de jugar a la rayuela literaria)
   Y llegué a abrir la tercera, pero viendo que también se anunciaba como conclusión del relato, preferí dejarla para la noche y dedicarme a mis más perentorias ocupaciones, que eran las que me procuraban el sustento.


VI)

   Mi promesa de buscarle el libro a Inés se había quedado hundida en el pozo del olvido, pero la deleznable y aburrida programación televisiva de la tarde de los sábados trufada y estafada de partidos de fútbol de todas y cada una de las competiciones que se dan por el planeta, me lo sacó a la superficie pensando en una manera de entretenerme hasta la hora de la cita para cenar con las chicas italianas que me había fraguado Marco.
   Suelo tener los libros bastante ordenados, pero como las estanterías estándar las fabrican de serie anchas y las ediciones de bolsillo estrechas los suelo disponer en dos líneas de combate, como la fusilería decimonónica, en primera línea los que tienen bala novedosa en su cañón y en segunda los que están recargando su munición…
   Estaba seguro que el Réquiem estaba en está última, pero… ¿Dónde?
   Tenía casi segura idea de que en la habitación de estudio, y me puse a buscar con tranquilidad, pero nada por allá.
   Puse música barroca en el compacto, que siempre es relajante, para amenizar cualquier tarea penosa…
   ¿Lo habría prestado y ya no me acordaba?,  porque ya se sabe libro prestado libro perdido… más de un volumen de mi biblioteca es una graciosa contribución de algún amigo despreocupado o demasiado tímido para reclamarlo.
   Mientras me hacía estas cábalas decidí hacer un paréntesis y leer la parte del cuento que me faltaba…
Ptolomeo y el pozo de Lepe 3. Conclusión. (Mismo de lo mismo).
   Me produjo una cierta sonrisa, acompañada de unas lágrimas que siempre me salen a los ojos cuando al aspirar el humo de un cigarrillo siento que también están en lo que inspiro unas 24.000 moléculas de lo que salió de la boca de Hypatia mientras era despellejada viva con tejas o del último suspiro de Manuela Malasaña cuando la bayonetearon los gabachos después de clavar sus tijeras de costurera de diecisiete abriles en los bajos del mameluco que la intentaba violar. Como ya estaba muerta no aparece en el cuadro que Francisco José Goya esbozó en la madrugada siguiente, 3 de Mayo de 1808.
    Pero que pasó al lienzo y a las fiestas populares matritenses algún tiempo después. ¡Coraje, Independencia y Libertad!

VII)

   Tras de saludar al resto de los contertulios me dirigí a Inés y Martina para explicar los motivos por los que no había podido traerles el libro antes de que me lo pidieran.
   -Y, ¿no te parece extraño? – pregunto Martina.
    Y les expliqué el tema de los préstamos de los que uno pierde su recuerdo, pero recordé al tiempo que era difícil que se lo hubiera dejado a nadie y me asaltó una duda… mi asistenta, la señora que de tanto en tanto pasaba por el estudio para darle una limpieza que siempre le era tan necesaria. ¿Si hubiera sido ella quién lo hubiera sustraído para su propia lectura o la de algún conocido interesado por ese tema?
   Pero Inés ya se encontraba al ataque en pos de sus pesquisas sin esperar siquiera a que vinieran a solicitarnos el menú.
   -¿Qué es eso de una “Historia del Cine que Nunca se Ha Escrito” – le espetó de sopetón a Arturo.
   Y se hizo el silencio… en nuestra mesa, que no en las colindantes que permanecían en sus murmullos, risas o chanzas.
   -Aquí quien no corre vuela –dijo Arturo al cabo de un rato, nuca supimos si el silencio precedente y la respuesta intranscendente fue por pensarse un discurso sobre el tema o por crear expectación…
   Y luego continuó:
   -Es el título que dio un director de cine y guionista a una serie de reflexiones sobre la cinematografía que iba publicando en una revista ya desaparecida, de nombre “Adarga”, por entregas y que estamos pensando reeditar en la nuestra…
   -¡Ahh! –exclamó Inés.
   - Es una gran texto aunque como era estructuralista un tanto difícil de comprender – explicó Iñigo.
   - Adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor, muy cervantino – apunté yo.
   -No os creo una palabra –dijo Martina con indignación -, ya os inventáis hasta supuestos directores de cine!
   -El director existió y en su momento hizo un cine de vanguardia muy interesante –se defendió Arturo -, os puedo colgar algunos de sus escritos en la red para que los leáis y tengáis opinión.
   Como nos trajeron los primeros platos quedó interrumpida la conversación, que cuando continuó siguió por otros derroteros, surgiendo de nuevo Thomas Mann, ahora a través de un relato breve, “Tristán”, que estaba leyendo en su lengua original Inés.
   Lo que aproveché para hacer publica la misteriosa desaparición de mi libro y, de paso, preguntar a Iñigo si no había traído lo del evangelio porque no lo había buscado o porque también le había desaparecido misteriosamente.
El aludido y Arturo intercambiaron una mirada cómplice, o al menos así me pareció a mí, luego se dirigió a Inés:
   -    Lo buscaré con más cuidado y puedes estar segura que te lo traeré…
Pero la duda quedó flotando en el aire…
   -    Y lo de “La Historia…”, ¿Cuándo lo colgarás? – pregunté contagiado por la incredulidad de mis amigas..
   -    Esta misma tarde –se apresuró a responder Arturo.
   Y Marcos, a quien algunas veces también le daba por leer algunas cosas profundas dio un nuevo giro a la conversación para hacer un comentario sobre el Discurso a la Academia Sueca, de Solsenicyn, el autor de “El Archipiélago Gulag”, con motivo de la entrega del Premio Nobel, a la que no pudo acudir personalmente por temor a que no le dejaran entrar de nuevo a su país.


VIII)

   No necesité comprobar que Arturo había cumplido su promesa porque al poco de llegar al estudio una llamada telefónica de Martina me informó de que ya lo había encontrado, de que le parecía interesante y pelos y señales sobre la forma de llegar hasta el texto dentro de la red.
   La Historia del Cine que Nunca se Ha Escrito”,  Fascículo 1
   Me hubiera deleitado largo rato con sus apreciaciones pero había convenido una cena de despedida con Liliana, que ya terminaba sus vacaciones, y había que preparar el escenario para que nuestro último  encuentro por el momento fuera tan dulce y sabroso como los helados de su tierra… velas procurando una iluminación discreta, pétalos de rosas esparcidos sobre la cama y todas esas cosas simples que tanto entusiasman a las chicas.
   El problema se presentó en forma de mujer, porque apareció en compañía de Sofía, que también parecía muy entusiasmada con el tema de despedirse de mí. Aunque después me enteré de que Marcos la había dado un plantón porque le salió algún otro plan, y no tenía mejor cosa que hacer que acompañar a su amiga.
   Por la cena no había problema porque se trataba tan sólo de encargar por teléfono una pizza más y otra ración de gelato.
   La velada pasó de ser romántica a interesante, porque a las dos les había embellecido el sol del Foro y habían aprovechado sus paseos por la Gran Vía para renovar su vestuario. Las faldas continuaban siendo tan cortas como largas las piernas, ahora si con mallas transparentes y con atractivos relieves y dibujos… Y el fulgor y bellaza de sus ojos los llevaban puestos de serie, como los air-bag  en los automóviles modernos…
   Pero como los intelectuales somos más bien como moscas cojoneras, con nuestras ideas fijas, en vez de regalarles con un recital con los sonetos de Francesco Petrarca a Laura, que tenía preparados para la cena romántica, me puse a disertar sobre la literatura que desaparece de una forma u otra sin dejar rastro, entre bocado y bocado a una Margarita y una Tropical, y algunos tragos de helado vino blanco del Penedés, salió a relucir la inundación de Florencia y los sótanos de los Uffizi, en noviembre de 1966, que ya comentamos cuando hablamos de la peli “La Mejor Juventud” el día que nos conocimos.
   Y como naufragaron en ella algunos de los mejores manuscritos y dibujos del Renacimiento, entre ellos el Evangelio según San Miguel, con comentarios al margen hechos al alimón por las manos de Victtoria Colonna y Michelangelo Buonarrotti, y algunos esbozos realizados por el escultor que proporcionaron a El Veronés la configuración de su Boda de Caná, según aparece en los registros comparativos de las obras recuperadas y perdidas en tan cruel evento.
  
   Pero como se puede conversar y mirar al mismo tiempo mis ojos se escapaban como pájaros revoloteadores de la sonrisa al escote, desabotonado un poco más debajo de lo que sería políticamente correcto,  que dejaba entrever los pechos turgentes de de Liliana.
   Cuando al brindar con champán y repartirnos unos abrazos de despedida los labios rojos y carnosos de la muchacha rozaron los míos y el estrechamiento se prolongó en un querer como no separarse, Sofía, que era una chica muy inteligente, se dio cuenta que debía pretextar la disculpa de una cita inexistente para dejar el camino libre a los deseos de su amiga.
   - ¿Estás de mudanza? –me preguntó antes de irse.
   - ¿Por…? – me sorprendió su pregunta.
   - Porque tienes todas las estanterías vacías.
   En efecto no quedaba un solo libro, pero el asombro me duró un instante y me encogí de hombros.
   Mientras la acompañaba a la puerta la desee un buen viaje.
   Luego Liliana disfrutó de los poemas que Francesco Petrarca dedicó a un amor imposible y que “el Fahrenheit encubierto” haría pronto desaparecer de las estanterías de las librerías y las bibliotecas, y de los artículos colgados en la red, pero nunca de los corazones enamorados.

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