3ª Parte
En Italia, dividida en múltiples
fracciones y campo de batalla durante siglos entre franceses, españoles y el
papado, el desarrollo de la lengua, el toscano, deja de lado la épica y corre
de mano de la lírica a través de las poesías de Dante y Francesco Petrarca, o
de la narrativa de Bocaccio, hasta el punto que su cantar de gesta más
conocido, Jerusalem Liberada, escrito por Torcuato Tasso, en preciosas octavas
reales, ya en pleno Renacimiento, tiene como protagonista a un francés:
Godofredo de Buillon, Protector del Santo Sepulcro, tras la 1ª Cruzada.
Tercera Cruzada produce de forma
indirecta, en tierras anglosajonas, a un perfecto héroe de doble ficción, Robin
Wood, que roba a los ricos para dárselo a los pobres ¡Cuándo se vio tal cosa!
Lo establecido es esquilmar al pobre para repartírselo entre los ricos… Así
pues, sobre la ficción literaria ficción la especulativa, le pese lo que le
pese a Ricardo Corazón de León que casi se queda sin reino por darle al turismo
en Tierras Santas.
Hasta mediados del siglo XV la difusión de
la Literatura se hace bien por vía oral bien mediante manuscritos, es decir,
que tiene muy poco alcance y es todo lo sesgada que le quieren dar los que
tienen capacidad para pagar a los escribanos. Pero con la invención de la
imprenta de caracteres móviles por Gutenberg los escritos se pueden hacer por
cientos y miles, y para más, la segunda obra que se le ocurre imprimir al
alemán es la Biblia, con lo que ya cualquiera puede ser capaz de emplear su
Libre Albedrio para interpretar lo que sólo tenía la lectura que se le quería
dar desde un púlpito: ¡Mujeres que meáis… que me “háis” escuchado…! ¡Os voy a
meter el puro… el puro catolicismo en vuestros corazones…!
Y surgen dos antihéroes al calor de la
tinta de imprenta: el casi siempre cautivo Miguel de Cervantes desde la
imprenta de Juan Cuesta, en la calle de Atocha de Madrid, saca a pasear a su
Ingenioso Hidalgo en 1605, y el “productor teatral” William Shakespeare desde
las tarimas infectas cercanas al Támesis los lanza por docenas: el mequetrefe
Hamlet, el enamoradizo Romeo, el advenedizo Becket, el celoso… Son nuevas “manieras”
de ver el mundo en el Renacimiento tardío y escribido.
Para acabar de distanciar a los humanos
de los dioses un proyecto de nuevo héroe, Napoleón, se autoimpone la Corona
Imperial delante del mismísimo Papa de Roma. Ahora las nuevas epopeyas tendrán como
protagonista al Pueblo, o, al menos, así lo expone León Tolstoi en su Guerra y
Paz. El resto de los Héroes modernos, que haberlos háilos, son pura ficción:
Tarzán, la Mona Chita, Superman…Y el diagrama primero se transforma en el siguiente:


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