martes, 11 de diciembre de 2012

¿Por qué ya no hay héroes? - 3ª Parte



3ª Parte


      En Italia, dividida en múltiples fracciones y campo de batalla durante siglos entre franceses, españoles y el papado, el desarrollo de la lengua, el toscano, deja de lado la épica y corre de mano de la lírica a través de las poesías de Dante y Francesco Petrarca, o de la narrativa de Bocaccio, hasta el punto que su cantar de gesta más conocido, Jerusalem Liberada, escrito por Torcuato Tasso, en preciosas octavas reales, ya en pleno Renacimiento, tiene como protagonista a un francés: Godofredo de Buillon, Protector del Santo Sepulcro, tras la 1ª Cruzada. 



      Tercera Cruzada produce de forma indirecta, en tierras anglosajonas, a un perfecto héroe de doble ficción, Robin Wood, que roba a los ricos para dárselo a los pobres ¡Cuándo se vio tal cosa! Lo establecido es esquilmar al pobre para repartírselo entre los ricos… Así pues, sobre la ficción literaria ficción la especulativa, le pese lo que le pese a Ricardo Corazón de León que casi se queda sin reino por darle al turismo en Tierras Santas.


      Hasta mediados del siglo XV la difusión de la Literatura se hace bien por vía oral bien mediante manuscritos, es decir, que tiene muy poco alcance y es todo lo sesgada que le quieren dar los que tienen capacidad para pagar a los escribanos. Pero con la invención de la imprenta de caracteres móviles por Gutenberg los escritos se pueden hacer por cientos y miles, y para más, la segunda obra que se le ocurre imprimir al alemán es la Biblia, con lo que ya cualquiera puede ser capaz de emplear su Libre Albedrio para interpretar lo que sólo tenía la lectura que se le quería dar desde un púlpito: ¡Mujeres que meáis… que me “háis” escuchado…! ¡Os voy a meter el puro… el puro catolicismo en vuestros corazones…!


      Y surgen dos antihéroes al calor de la tinta de imprenta: el casi siempre cautivo Miguel de Cervantes desde la imprenta de Juan Cuesta, en la calle de Atocha de Madrid, saca a pasear a su Ingenioso Hidalgo en 1605, y el “productor teatral” William Shakespeare desde las tarimas infectas cercanas al Támesis los lanza por docenas: el mequetrefe Hamlet, el enamoradizo Romeo, el advenedizo Becket, el celoso… Son nuevas “manieras” de ver el mundo en el Renacimiento tardío y escribido.



     Para acabar de distanciar a los humanos de los dioses un proyecto de nuevo héroe, Napoleón, se autoimpone la Corona Imperial delante del mismísimo Papa de Roma. Ahora las nuevas epopeyas tendrán como protagonista al Pueblo, o, al menos, así lo expone León Tolstoi en su Guerra y Paz. El resto de los Héroes modernos, que haberlos háilos, son pura ficción: Tarzán, la Mona Chita, Superman…Y el diagrama primero se transforma en el siguiente:


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