sábado, 4 de junio de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 14

14
En la consulta del médico de cabecera

         Con las muchas ganas que tenía de salir del hospital no me di cuenta de que me había venido con la vía puesta, me apercibí ya en casa al quitarme la chupa y engancharme la manga con ella. No era cuestión de volver al hospital, ya me la podrían quitar en el ambulatorio cuando fuera mañana. Ahora había que comer algo y descansar para reponer fuerzas.

         Más tarde me puse a hojear el librito de los relatos breves. Algunos eran muy conocidos y ya los había leído como el Aceite de perro, de Ambrose Pierce. Llamó mi atención uno de O. Henry, el autor estadounidense de comienzos del siglo XX, El policía y el himno, se titulaba, y trataba un tema que tiene poco repertorio literario: el de los indigentes, la gente sin techo… y, según iba leyendo, se me ocurrió hacer una adaptación del cuento a la realidad actual que se vive en muchos nichos de pobreza de Madrid. Me puse a ello, y, como me resultaba un poco largo, lo publiqué en dos capítulos en mi grupo de Facebook, Nochesblancas. Lo rebauticé como Los pitufos y el himno, y comienza tal que: 

        “Marianín se movió, inquieto, en su banco de la plaza de Santa Ana, a la sombra del monumento a don Pedro Calderón de la Barca, el genio del teatro barroco: "...¿qué es la vida?, un frenesí; ¿qué es la vida?, una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; si todo en la vida es sueño, y los sueños, sueños son", y con el lujoso hotel Reina Victoria a su espalda”. 

         Era domingo por la tarde, y mientras tecleaba en el ordenador, me acordé, por contraste con la desidia con que llevaba su guardia festiva el doctor Manuel, de la ilusión con que empleaba algunos fines de semana, siendo Director Técnico de la OCT, en procurarme herramientas informáticas con que facilitar la labor de los arquitectos  y aparejadores a mi cargo, como una Hoja de Cálculo adaptada al Seguimiento y Control de las Obras, o una Base de Datos de precios por volumen de Obra y número de visitas necesarias, o una Hoja de Cálculo para el Control de la Producción de cada Técnico…
     
Los Organismos de Control Técnico surgieron al amparo de la Ley de Ordenación de la Edificación, según la cual cada edificio debía tener un Seguro Decenal, que avalara la calidad de su construcción mediante la elaboración de Informes de Riesgos realizados por técnicos competentes en la materia y respaldados por los Colegios Oficiales de Arquitectos, con base en la verificación de la Calidad del Proyecto y su Ejecución, controlada por las necesarias visitas a la obra en los hitos de más significativa importancia, por lo general antes de los hormigonados de cimentaciones y forjados. 
             
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1VUA

SAN MARTIN DE LA VEGA
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COLMENAR VIEJO
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ZC
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RESERVA
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29/10/2003

29/10/2003

Nos encontramos en el año 2.000, en pleno “boom” del ladrillo, hinchándose más y más la burbuja inmobiliaria. La Ley surge con la intención de poner un poco de orden en la desmesura constructiva que se vivía en aquellos momentos. En principio, cualquier vivienda que quiera tener una Célula de Habitabilidad tiene que tener contratado un Seguro Decenal, se está moviendo mucho dinero y la administración ha visto una nueva forma de que el pastel se extienda a más gente, que a su vez tributarán más a las arcas del Estado, haciendo crecer la economía.

Los Sáez, procedentes de Escalona de Alberche, Toledo, son una familia de emprendedores que tienen un buen olfato para saber dónde va a haber un buen negocio: nos contratan a cinco técnicos, y montan su OCT, alquilando un local en el Centro de Empresas de Alcorcón, pueblo muy cercano a la capital, Madrid. Una de las hermanas, Ana, ejerce la Gerencia de la Empresa, otra, Reyes, es la Directora Comercial. En obra contratada se empieza desde cero, en organización falta todo por hacer… Reyes es una gran comercial, alta y rubia (teñida), como gusta decir cuando se cita por teléfono con algún posible cliente, aún la estoy viendo subir a los forjados por frágiles escaleras de tablones con sus afilados zapatos de tacón... o conduciendo su coche imposible, de más de 200.000 kilómetros de recorrido, con los codos al volante, una mano en el móvil y la otra apuntando citas... Los técnicos hemos sido contratados con el salario mínimo, según nuestra categoría profesional, y con el aliciente de una participación en los beneficios de la Empresa, cuando los haya… Se trabaja duro, unas doce horas los días laborables; en oficina se verifican los Proyectos, recalculan las Estructuras, y se redactan los informes, y nosotros mismos realizamos las visitas de control de obra, provistos con cámaras digitales, para sacar fotografías con que ilustrar los informes, y utilizando coches de alquiler. 

Somos la central de Madrid, con Control de Calidad de obras en dicha provincia y en las que la rodean (Ávila y Segovia, de Castilla-León, Toledo y Guadalajara, de Castilla-La Mancha), y, al poco, se monta una sucursal en Lanzarote (Islas Canarias), donde los Sáez tienen contactos; voy allí, a instruir a una arquitecta argentina, que se va a encargar de la Dirección Técnica, en las Afortunadas. Trabajamos como subcontrata para las empresas CEMOSA, CORCONTROL y AGBAR CERTIFICACION, S.L. Unos años apasionantes. 

Y, que hubieran transcurrido, también muy felices en lo personal, disfrutando, en los pocos ratos que tenía libres, de los juegos con mis hijos, pequeños todavía, el mayor nacido en el 91 y el otro en el 95, si la enfermedad mental de mi esposa, un transtorno bipolar que se inició como una anorexia, al poco de nacer el pequeño, no se hubiera ido agravando con el paso del tiempo, hasta que le aparecieron las fobias y pidió la separación…



Algunos de los técnicos que empezamos no soportaron la tensión y abandonaron. El volumen del negocio aumenta, se contratan nuevos técnicos y nos trasladamos a un local más amplio en el mismo Alcorcón, compartiendo edificio con otra empresa. Creo que fue el lugar idóneo para que mi Alien decidiera comenzar tratos conmigo, si es acertada mi tesis de que las neoplasias están generadas por la existencia de fuertes campos magnéticos, que interfieren en las comunicaciones de las células sanas del organismo y las trastornan, provocando que comiencen a proliferar de una forma descontrolada. El caso es que, frente a la fachada del edificio a la que daban nuestros despachos, había un transformador eléctrico, al aire libre, apoyado sobre una columna de hormigón, y generaba tal campo magnético que, unido a que el suelo de las oficinas era de imitación a tarima de madera, pero de material sintético y de baja calidad, sin aislamiento, porque, también hay que decir que los Sáez, son bastante ahorrativos, por no usar el calificativo de mezquinos, se acumulaba la electricidad estática, y si intentabas abrir el picaporte metálico de una puerta sin tener la precaución de colocarte el pañuelo en la mano te arreaba una buena descarga que te separaba la mano de golpe… Ya volveremos sobre el tema de las causas y los efectos, que me estoy disipando en digresiones…

El lunes acudí a la cita con mi nuevo médico de cabecera, para ponerle en antecedentes sobre mi situación, llevarle los informes y pedirle recetas para los batidos energéticos y alguna medicina más que necesitaba. El paseo del 15 de Mayo, lugar en el que se ubica el ambulatorio, es parte de la Pradera de san Isidro, pintada por José Francisco de Goya, y hoy poblada de edificios.

El doctor don Miguel es atento, aunque algo tieso y sieso. Mientras leía los informes, del alta hospitalaria y del urólogo de urgencias, apuntaba datos en su ordenador y me hacía alguna pregunta sobre los motivos que me habían llevado a su consulta.

- Usted no debería estar aquí, si ya estaba en el hospital ayer, tenía que haberse puesto en contacto con los otorrinos -sigue hurgando en la herida hasta que sangre, ¿qué no has entendido, hermoso?...

Se lo volví a explicar…

- Le voy a hacer un volante para que le citen con urgencia y a tramitarlo desde aquí, a través de la Comunidad de Madrid. ¿Necesita alguna cosa más?

Le enseñé la vía que todavía llevaba puesta.
- Un enfermero que me quite esto…
                                                                                 (Continuará)










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