martes, 7 de junio de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 16

Capítulo 16
De Otorrinolaringología a Oncología...

Aunque la cita era para las 10 de la mañana, a menos cuarto ya me encontraba en la quinta planta del edificio de consultas externas delante del mostrador de citas de los otorrinos, con el papel que me diera la doctora de urgencias en la mano. La señorita del ordenador entró con él, y al poco apareció la enfermera gruesa con bata verde, del día anterior, que no tardaría mucho en enterarme que era toda una institución por allí, nada menos que la Enfermera Gestora de Casos Unidad Multidisciplinar de Tumores de Cabeza y Cuello.
- Esperen un momento, enseguida le avisarán por megafonía.

El doctor se paso un buen rato leyendo los historiales, le acompañaba una enfermera de bata blanca que sonreía. Luego me invitó a sentarme en un sillón elevado.
- Le voy a hacer una exploración con el endoscopio y la grabaré. Los viernes, es decir, ya mañana, hacemos una sesión conjunta de evaluación de los pacientes y se lo mostraré a los compañeros, le citaremos para después y ya le diremos el tratamiento a seguir.

La exploración fue en todo similar a las que ya había tenido que sufrir en el hospital del Sureste. Cuando terminó, como “cada maestrillo tiene que tener su librillo”, para hacer bueno el refrán, el doctor decidió darme un severo masaje con todas sus fuerzas en los ganglios del cuello, que me hizo ver las estrellas de todos los colores… No sé qué utilidad terapéutica puede tener tal masaje, pero me alegro de que sus colegas del Sureste la desconocieran, porque me dejó hecho polvo, y todavía me dolía por la noche, a pesar de haber tomado paracetamol un par de veces.

Al día siguiente, me habían dado cita para las 11 de la mañana, y ya estaba allí a las once menos cuarto, se lo comuniqué a la señorita de recepción, y me dijo, que me sentara a esperar, que ya me llamarían por megafonía. Me acompañaba Dani, que me había traído en coche, ya que utilizar transporte público para llegar al 12 de Octubre resulta un poco complicado, por metro hay que realizar un trasbordo de la línea 6 a la línea 3 en la estación de Legazpi, que tiene mucho niveles de escaleras.


Nos sentamos y esperamos, y esperamos… A las doce y cuarto, se le ocurrió a Dani entrar a preguntar por si había algún problema, y una doctora le dice que llevaba ya un rato esperándonos… En fin.

La señora sonreía mucho y tenía una cara agradable. Con los ojos muy repintaditos comienza a hablarme haciendo una serie de circunloquios que no acabo de entender, hasta que me doy cuenta de que ha cogido el historial de otro paciente…
Cuando le pregunté qué pasaba, se disculpó diciendo que llevaba 24 horas de guardia…
- Pues váyase a dormir y que me atienda alguien que esté despierto…
La doctora se enfadó con mi salida de tono, pero Dani logró hacer las paces, y me dio un volante para que me atendieran esa misma mañana en Oncología.


Oncología está ubicada en un edificio muy próximo, y al poco ya me estaba atendiendo en consulta el doctor que me habían asignado, don Juan Antonio Núñez, que es una persona muy afable y me explicó largo y tendido el proceso que pensaba llevar conmigo, con vistas a lograr una reducción de la neoplasia que posibilitara tener nuevas opciones de tratamiento. Comenzaríamos por sesiones de quimioterapia, y programó la primera para el próximo martes, ya que, al caer la fiesta de San Isidro en domingo, el lunes era día feriado. 

Después me explicó que la quimio consiste en una ingesta masiva de iones pesados y sustancias tóxicas, por vía oral o a través de la corriente sanguínea, lo que es nocivo para todas las células del cuerpo, buenas y malas. Lo que dice la tesis, que defiende su utilización, es que son peores para las células cancerígenas que para las otras, con lo que las matará antes de que se produzcan deterioros graves en los otros tejidos y la neoplasia dejará de extenderse, y puede que reduzca su tamaño.

Y continuó: -Al ser nocivos sus efectos sobre todas las células del organismo se corren una larga serie de riesgos, algunos son generales, como: caída del cabello, llagas y dermatitis, decaimiento general, posibles hemorragias, fiebre, dolores difusos, pérdida o ganancia de peso…, otros son específicos del sistema al que afecten: alérgicos, otíticos, oculares, neurológicos, digestivos, respiratorios, hematológicos… así que deberás observarte continuamente, y si aparece un síntoma grave, tipo hemorragia, acudir enseguida a urgencias… - luego me ofreció un papel-. Aquí lo tienes todo pormenorizado, y para poder comenzar el tratamiento tienes que traerlo firmado el martes, afirmando que conoces los posibles riesgos y estás dispuesto a asumirlos…

Tenía por delante un largo fin de semana para poner un poco de orden en lo que iba escribiendo últimamente y para disfrutar de las Fiestas de san Isidro, que además de ser de todo Madrid, son específicas del barrio en que vivo…

Los días que tengo quimioterapia, una vez a la semana, se produce una especie de ritual que me ocupa el día entero en el hospital. Llego a media mañana, paso a recoger los tubos, por lo general, dos, para la analítica de sangre y espero mi turno a que me atiendan. Cuando me hacen las extracciones ya me dejan puesta la vía, que luego se utilizará para introducir el suero con los productos químicos, por goteo. Desayuno en la sala de espera, donde hay un carrito con agua caliente y cafés instantáneos, cacao, leche en polvo, infusiones, galletas… a disposición de los pacientes. Cuando tienen los resultados de los análisis me llaman a consulta, el doctor Juan Antonio me pregunta por mi estado, y tras una breve conversación encarga por teléfono la dosis de quimio que considera apropiada. Programa ya la cita para la siguiente semana, y vuelta a esperar que preparen la medicación.


En el hospital de día, acomodado en un sillón reclinable me conectan con el suero. La duración de la ingesta vía venosa es variable, el primer día fueron casi cuatro horas, y poco a poco se va reduciendo su duración como hasta dos horas y media. Aprovecho el tiempo leyendo. Cuando se han vaciado los paquetes con los sueros me quitan la vía, y a esperar la ambulancia para volver al domicilio.   

El tratamiento se supone que será largo, a la quimio se une la próxima semana la radioterapia, y tengo programado un escáner de cuello para el 29 de junio, con el fin de ver como ha evolucionado mi Alien con los tratamientos... Es de suponer que después haya una nueva evaluación, así que por el momento voy a interrumpir esta serie de escritos, que he procurado hayan sido amenos al tiempo que rigurosos en lo relativo a los temas médicos tratados, agradeciendo las muestras de cariño y reconocimiento recibidas por mis lectores.

Como en el chiste de Carlitos y Snoopy, algún día hemos de morir, pero sólo ese día... 























domingo, 5 de junio de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 15

15
Qué difícil es que te entiendan cuando no te quieren entender…

         Al poco de salir de la consulta recibí una llamada de la Comunidad de Madrid, ya habían tramitado la cita por urgencia y debía esperar a que me llamaran los médicos del 12 de octubre. Parecía que la cosa funcionaba, si no me llamaban aquella tarde sería mañana… Me fui a gestionar papeles relacionados con el trabajo, aunque fuera a base de papillas y batidos había que seguir comiendo… y comprando la comida.

Pero ni por la tarde, ni al día siguiente recibí la llamada. El miércoles me acompañó un amigo al 12 de Octubre. En el punto de información de Otorrinolaringología, expuse, informes en mano, mi deseo de que me atendiera un doctor…
- Están todos en quirófano, no hay nadie que le pueda atender ahora… Ya recibirá su cita por teléfono -nos explicaba una enfermera de bata verde, gruesa, muy gruesa… El día que relacionaban, en su Escuela, las enfermedades coronarias con el sobrepeso debió de hacer pellas.
También debió de leer en mi cara que pensaba que mentía como una bellaca, porque insistió:
- De verás que no hay nadie, cuando vuelvan informaré de que estuvo aquí, apuntaré su nombre...
Dimos media vuelta, Dani, que así se llama mi amigo, y yo.
- A Urgencias, ¿no? -qué bien me conoce.
- Por supuesto - el único problema es que teníamos que atravesar todo el complejo hospitalario, porque el edificio nuevo, para consultas externas, en el que nos encontrábamos, estaba ubicado en el polo opuesto a la entrada.


Primer escollo: el triaje. Una señorita, poco amable y mal encarada, que ya me atendió el día anterior, y se debía haber quedado con mis rasgos, lo de la cánula canta mucho, pregunta, antes de examinarme:
- ¿Cuál es la urgencia?
- Otorrinolaringología -señalo lo evidente.
- Ya, pero pregunto por la urgencia -insiste, la insensata. Y, calentito que venía de que no me quisieron atender en la consulta, me puse nervioso, y, cuando me pongo nervioso, no soy capaz de coordinar lo de poner el dedo en la cánula con cada golpe de voz, total, que me atoro y me pongo a toser, y no puedo hablar. Me levanté y me puse a andar para poder respirar y salí de la habitación,  porque me ainaba…

Dani la debió de convencer de la existencia de la urgencia, de alguna urgencia, porque se me unió afuera y me indicó que debíamos ir a la consulta 4, siguiendo una línea azul marcada sobre el suelo hasta el final. 

Había despachos de consulta de varias especialidades y una sala de espera común. Recordé el lugar, de una vez que vine a oftalmología, podía ser que tuviera un ojo ciclópeo, porque tenía visión doble permanente, pero por fortuna sólo se trataba de una catarata. Después de echarme un par de veces gotas para dilatar las pupilas, me preguntaron si había venido en automóvil, como era el caso. A las dos de la mañana, que salí aquella vez de las urgencias, no era para llamar a algún familiar que viniera a recogerme. El breve trayecto desde el 12 de Octubre hasta Orcasitas, donde vivía por entonces, fue como conducir bajo un castillo de fuegos artificiales, tal me parecían, con las pupilas abiertas de par en par, las luces de las farolas y los semáforos… 

En la amplia sala, preguntamos a otros pacientes, que ya estaban allí, por el turno de espera. Para otorrino sólo había un matrimonio, que dijo ya les habían atendido pero que, cuando salieran los que estaban ahora en consulta, tenían que darles todavía algunas indicaciones. Salió de la consulta un joven con bata blanca, llevaba barba y una melena recogida en coleta que le llegaba a la cintura.
- Lo mismo nos ofrece un “porro” -se me ocurrió comentarle a Dani. Al fin y al cabo, uno tampoco acaba de vencer los prejuicios, a veces… 

Por entretener la espera, y seguir la narración con un poco de coherencia biográfica, explicaré como terminó el tema de los Organismos de Control Técnico, para mí.

De una parte, se produjo una contestación generalizada en contra del Seguro Decenal, por parte de los que construían viviendas individuales para su propio uso, lo que se denomina autoconstrucción, por considerar que no tenía sentido que se les fiscalizara que su casa debía tener una duración de al menos diez años, cuando ellos la levantaban con la intención de que les durara para toda la vida, y que, después, la heredaran sus hijos. Y la Ley, les reconoció su derecho… 
Pero, hecha la ley, hecha la trampa: bastaba con que el constructor se pusiera de acuerdo con el futuro comprador para que los papeles se arreglaran de tal modo que pareciera una autoconstrucción… y de esta forma se fueron perdiendo una buena serie de posibles contratos, pues nuestra OCT, como modesta que era, se nutria en buena medida de la vivienda individual…

Por otra parte, las grandes empresas de Control de Calidad, previendo que el fin de la burbuja inmobiliaria se encontraba más cercano que lejos, y que el pastel a repartir se iba a reducir drásticamente, decidieron ir quitando del mercado a los competidores más débiles, por el doble método de abaratar las contrataciones, detrás de un gran nombre es más fácil encubrir una mano de obra menos cualificada y, por tanto, más barata, cogiendo a técnicos recién salidos de las Escuelas, y de incrementar los requisitos de los Informes, haciendo que se extendieran también al equipamiento de las viviendas, lo que resultaba de una total incoherencia, ya que algunos de éstos, caso de las calderas de gas, estaban sometidos por ley a revisiones anuales.



Y, lo que tenía que pasar pasó, los Sáez comenzaron a recibir ofertas de compra, y, cuando encontraron una que les resultó muy favorable, vendieron. Como en este país de “charanga y pandereta” es posible que se pueda comprar una empresa sin comprar la mano de obra que lleva implícita, los trabajadores nos vimos de la noche a la mañana en la calle… Los que tenían salarios bajos fueron recontratados por la empresa compradora, partiendo de cero en lo referente a antigüedad. No era el caso de contratar a un Director Técnico, cuando ya tenían el propio…

La urgencia de otorrinos la atendía aquella mañana una joven doctora que, como verán, comenzó muy mal la atención:
- ¿Cuál es la necesidad de la urgencia? -parecía un maleficio.
- Desde que me dieron el alta hospitalaria estoy sin atención médica específica -expliqué poniendo los informes sobre la mesa.
- Pero, ¿cuál es la urgencia hoy que no hubiera podido ser ayer?
Era una pesadilla o estaba despierto… me puse a la defensiva, como buen nieto de un gallego, ante una pregunta lo mejor es preguntar:
- ¿Cuál es el motivo de su pregunta?
Miro la pantalla de su ordenador… No sé donde mirarían los médicos antes de que les proveyeran de sus abultados ordenadores… ¿Tal vez a los ojos de los pacientes?
- Tengo que encabezar el informe exponiendo los motivos de la urgencia -otra vez los puñeteros protocolos.
- ¿Qué tal anda de inventiva esta mañana? -repuse con un deje de ironía, que no la hizo ninguna gracia.
- Si quiere que le atienda tendrá que comportarse...
Estallé...
En lo más álgido del rife-rafe, se impuso la serenidad y buenas maneras de Dani.  

Me hizo una exploración y se puso en contacto con alguien del departamento. Era evidente que no todos estaban en el quirófano, o habían terminado la operación muy pronto. Me concertó una cita en consulta para el día siguiente.
- ¿Puedo hacer algo más por usted?
- Todavía tengo los puntos de cuando me hicieron la traqueostomía, si me los pudiera quitar...
De los tres puntos que tenía puestos se le olvidó quitarme uno, no tenía su mañana la doctora...

                                                                       (Continuará) 
























sábado, 4 de junio de 2016

Mi Alien y yo (Una convivencia imposible) Capítulo 14

14
En la consulta del médico de cabecera

         Con las muchas ganas que tenía de salir del hospital no me di cuenta de que me había venido con la vía puesta, me apercibí ya en casa al quitarme la chupa y engancharme la manga con ella. No era cuestión de volver al hospital, ya me la podrían quitar en el ambulatorio cuando fuera mañana. Ahora había que comer algo y descansar para reponer fuerzas.

         Más tarde me puse a hojear el librito de los relatos breves. Algunos eran muy conocidos y ya los había leído como el Aceite de perro, de Ambrose Pierce. Llamó mi atención uno de O. Henry, el autor estadounidense de comienzos del siglo XX, El policía y el himno, se titulaba, y trataba un tema que tiene poco repertorio literario: el de los indigentes, la gente sin techo… y, según iba leyendo, se me ocurrió hacer una adaptación del cuento a la realidad actual que se vive en muchos nichos de pobreza de Madrid. Me puse a ello, y, como me resultaba un poco largo, lo publiqué en dos capítulos en mi grupo de Facebook, Nochesblancas. Lo rebauticé como Los pitufos y el himno, y comienza tal que: 

        “Marianín se movió, inquieto, en su banco de la plaza de Santa Ana, a la sombra del monumento a don Pedro Calderón de la Barca, el genio del teatro barroco: "...¿qué es la vida?, un frenesí; ¿qué es la vida?, una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; si todo en la vida es sueño, y los sueños, sueños son", y con el lujoso hotel Reina Victoria a su espalda”. 

         Era domingo por la tarde, y mientras tecleaba en el ordenador, me acordé, por contraste con la desidia con que llevaba su guardia festiva el doctor Manuel, de la ilusión con que empleaba algunos fines de semana, siendo Director Técnico de la OCT, en procurarme herramientas informáticas con que facilitar la labor de los arquitectos  y aparejadores a mi cargo, como una Hoja de Cálculo adaptada al Seguimiento y Control de las Obras, o una Base de Datos de precios por volumen de Obra y número de visitas necesarias, o una Hoja de Cálculo para el Control de la Producción de cada Técnico…
     
Los Organismos de Control Técnico surgieron al amparo de la Ley de Ordenación de la Edificación, según la cual cada edificio debía tener un Seguro Decenal, que avalara la calidad de su construcción mediante la elaboración de Informes de Riesgos realizados por técnicos competentes en la materia y respaldados por los Colegios Oficiales de Arquitectos, con base en la verificación de la Calidad del Proyecto y su Ejecución, controlada por las necesarias visitas a la obra en los hitos de más significativa importancia, por lo general antes de los hormigonados de cimentaciones y forjados. 
             
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73

1VUA

SAN MARTIN DE LA VEGA
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D5.2
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COLMENAR VIEJO
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15.06.02
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01394-CM0

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D5.2
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14/03/2003

16/07/2003

COMUNICACIONES
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28/10/2003

17VUB + 1 VUA.
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SAN  MARTIN DE LA VEGA
ZC
ZC
ZC
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FTPB


25.06.02
04.07.02
11.07.02
14.08.02
11.09.02
01379-CM0

D0
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RESERVA
D5.1
D5.2



27/02/2003

28/10/2003

22/08/2002

29/10/2003

29/10/2003

Nos encontramos en el año 2.000, en pleno “boom” del ladrillo, hinchándose más y más la burbuja inmobiliaria. La Ley surge con la intención de poner un poco de orden en la desmesura constructiva que se vivía en aquellos momentos. En principio, cualquier vivienda que quiera tener una Célula de Habitabilidad tiene que tener contratado un Seguro Decenal, se está moviendo mucho dinero y la administración ha visto una nueva forma de que el pastel se extienda a más gente, que a su vez tributarán más a las arcas del Estado, haciendo crecer la economía.

Los Sáez, procedentes de Escalona de Alberche, Toledo, son una familia de emprendedores que tienen un buen olfato para saber dónde va a haber un buen negocio: nos contratan a cinco técnicos, y montan su OCT, alquilando un local en el Centro de Empresas de Alcorcón, pueblo muy cercano a la capital, Madrid. Una de las hermanas, Ana, ejerce la Gerencia de la Empresa, otra, Reyes, es la Directora Comercial. En obra contratada se empieza desde cero, en organización falta todo por hacer… Reyes es una gran comercial, alta y rubia (teñida), como gusta decir cuando se cita por teléfono con algún posible cliente, aún la estoy viendo subir a los forjados por frágiles escaleras de tablones con sus afilados zapatos de tacón... o conduciendo su coche imposible, de más de 200.000 kilómetros de recorrido, con los codos al volante, una mano en el móvil y la otra apuntando citas... Los técnicos hemos sido contratados con el salario mínimo, según nuestra categoría profesional, y con el aliciente de una participación en los beneficios de la Empresa, cuando los haya… Se trabaja duro, unas doce horas los días laborables; en oficina se verifican los Proyectos, recalculan las Estructuras, y se redactan los informes, y nosotros mismos realizamos las visitas de control de obra, provistos con cámaras digitales, para sacar fotografías con que ilustrar los informes, y utilizando coches de alquiler. 

Somos la central de Madrid, con Control de Calidad de obras en dicha provincia y en las que la rodean (Ávila y Segovia, de Castilla-León, Toledo y Guadalajara, de Castilla-La Mancha), y, al poco, se monta una sucursal en Lanzarote (Islas Canarias), donde los Sáez tienen contactos; voy allí, a instruir a una arquitecta argentina, que se va a encargar de la Dirección Técnica, en las Afortunadas. Trabajamos como subcontrata para las empresas CEMOSA, CORCONTROL y AGBAR CERTIFICACION, S.L. Unos años apasionantes. 

Y, que hubieran transcurrido, también muy felices en lo personal, disfrutando, en los pocos ratos que tenía libres, de los juegos con mis hijos, pequeños todavía, el mayor nacido en el 91 y el otro en el 95, si la enfermedad mental de mi esposa, un transtorno bipolar que se inició como una anorexia, al poco de nacer el pequeño, no se hubiera ido agravando con el paso del tiempo, hasta que le aparecieron las fobias y pidió la separación…



Algunos de los técnicos que empezamos no soportaron la tensión y abandonaron. El volumen del negocio aumenta, se contratan nuevos técnicos y nos trasladamos a un local más amplio en el mismo Alcorcón, compartiendo edificio con otra empresa. Creo que fue el lugar idóneo para que mi Alien decidiera comenzar tratos conmigo, si es acertada mi tesis de que las neoplasias están generadas por la existencia de fuertes campos magnéticos, que interfieren en las comunicaciones de las células sanas del organismo y las trastornan, provocando que comiencen a proliferar de una forma descontrolada. El caso es que, frente a la fachada del edificio a la que daban nuestros despachos, había un transformador eléctrico, al aire libre, apoyado sobre una columna de hormigón, y generaba tal campo magnético que, unido a que el suelo de las oficinas era de imitación a tarima de madera, pero de material sintético y de baja calidad, sin aislamiento, porque, también hay que decir que los Sáez, son bastante ahorrativos, por no usar el calificativo de mezquinos, se acumulaba la electricidad estática, y si intentabas abrir el picaporte metálico de una puerta sin tener la precaución de colocarte el pañuelo en la mano te arreaba una buena descarga que te separaba la mano de golpe… Ya volveremos sobre el tema de las causas y los efectos, que me estoy disipando en digresiones…

El lunes acudí a la cita con mi nuevo médico de cabecera, para ponerle en antecedentes sobre mi situación, llevarle los informes y pedirle recetas para los batidos energéticos y alguna medicina más que necesitaba. El paseo del 15 de Mayo, lugar en el que se ubica el ambulatorio, es parte de la Pradera de san Isidro, pintada por José Francisco de Goya, y hoy poblada de edificios.

El doctor don Miguel es atento, aunque algo tieso y sieso. Mientras leía los informes, del alta hospitalaria y del urólogo de urgencias, apuntaba datos en su ordenador y me hacía alguna pregunta sobre los motivos que me habían llevado a su consulta.

- Usted no debería estar aquí, si ya estaba en el hospital ayer, tenía que haberse puesto en contacto con los otorrinos -sigue hurgando en la herida hasta que sangre, ¿qué no has entendido, hermoso?...

Se lo volví a explicar…

- Le voy a hacer un volante para que le citen con urgencia y a tramitarlo desde aquí, a través de la Comunidad de Madrid. ¿Necesita alguna cosa más?

Le enseñé la vía que todavía llevaba puesta.
- Un enfermero que me quite esto…
                                                                                 (Continuará)