domingo, 27 de septiembre de 2015

Por la otra puerta

       Don Pecunio Mercuto siempre entraba por la otra puerta. Era una costumbre, o manía, porque a menudo es difícil distinguir los límites donde acaba la una y comienza la otra, que adquirió, podría decirse, desde la cuna. A ello ayudó no poco el que el citado individuo fuera mellizo de una hermosa hermanita, de nombre Gertrudis, toda lindeza, delicadeza y esplendor, a la que fueron dirigidos las más exquisitas de las atenciones por parte de sus progenitores, abuelos, demás parentela y lo más granado del mugriento vecindario.

         Pues Pecunio era desde bebé además de bastante feo, llorón y mocoso, cualidades todas que no son receptoras de dedicación y simpatía hacia quienes las poseen. Así tuvo que ir ingeniándoselas para conseguir que los regalos y golosinas que llegaban hasta su hermanita acabaran apresadas por sus manos o su boca.

         Ya en el colegio comprendió las ventajas de sistematizar el empleo de la otra puerta , no en vano la ciencia se fundamenta en la búsqueda de metodologías con las que lograr hacer comprensible la inasible realidad. De este modo conceptos como la puntualidad dejaron de tener sentido para él pues aunque la puerta del centro académico se cancelara a una cierta hora siempre encontraba el camino apropiado para alcanzar las aulas desde diferentes alternativas, fuera el acceso de los conserjes o el de las mercaderías con que se surtían las cocinas.

          Y en la acepción metafórica de puerta, con los aprobados mediante diversas tácticas de copia y cambalacheo lograba una encomiable presteza en superar los cursos.

         Maestro en el arte de “hacer mutis por el foro” pronto nació en nuestro afamado Pecunio una decidida vocación hacia el teatro, lugar emblemático en la abundancia de imprevistas entradas y salidas, tanto en lo referente a ubicaciones como a situaciones. La “morcilla” es la otra puerta por antonomasia, burladero encomiástico de los duendes de la farándula.



         Mientras se sucedían los apoteósicos éxitos en el mundo de la farsa en la farsa del mundo encontró nuevas utilidades al uso de la otra puerta, descubriendo la facilidad que resulta alcanzar el transporte público gratuito en el caso del metropolitano utilizando como acceso las cancelas de salida, aunque de vez en cuando tuviera algún que otro altercado con los controladores ferroviarios cuando le exigían el título de viajero.
 Como todo uso tiene su abuso también comprendió que si inveterada costumbre le llevaba a incómodas situaciones cuando trataba de entrar en los automóviles por el portón del maletero en vez de utilizar las normalizadas puertas.

         Estuvo casado pero su vicio de utilizar siempre la otra puerta le impidió tener descendencia.


         Se comenta que su conjunto pop favorito fuero “The doors” y que se le ponían los pelos como escarpias escuchando los temas del desaparecido Jim Morrison. Y siguiendo con el tema musical, nos preguntamos que si como Bob Dylan tuviera que llamar a las Puertas del Cielo, ¿dónde encontraría su entrada alternativa?

2 comentarios:

  1. Aumentado y mejorado. Hay párrafos escasos en signos de puntuación. Espero decírtelo en persona. Me gusta.

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