lunes, 14 de noviembre de 2011

Marilú y los bandoleros.


I)
         La guapa profesora de español no se imaginaba que sus vacaciones en Andalucía iban a resultar tan accidentadas.
         Vino con parte de su familia a Almuñécar, su esposo, un divertido texano del que ya tendremos ocasión de hablar, y su hija, recién casada con un guapo y dicharachero antillano, vendedor de carros, que disfrutaban de su luna de miel a su bola, y alquilaron un chalecito cercano a la playa que yo mismo les busqué, pues una de las razones de su venida, aparte de disfrutar de las magníficas costas granadinas y de acercarse a visitar la incomparable Alhambra, era que al fin nos conociéramos en persona después de varios años de intensa comunicación por Internet en un grupo literario.
         Marilú es borinqueña, de la isla que hoy se conoce como Puerto Rico, y que en tiempos el escritor francés Maurice Gautier llamó la Perla de los Mares, y las mujeres de este lugar son a su vez cálidas perlas de ojos brillantes y fresca sonrisa, y allí imparte clases de lengua en un colegio. 
         Por mi parte, aquel verano dirigía un curso de submarinismo compartiendo tienda de campaña, y alguna cosilla más, en el camping del pueblo con una profesora de vela y surfing, una bella gaditana llamada Tamara de estilizado cuerpo y embrujadores ojos negros, que participaba en un curso paralelo de su especialidad.
         Las prácticas de submarinismo las llevábamos a cabo junto a la Punta de la Mona, especie de promontorio que se adentra en el Mediterráneo en unos acantilados ricos en flora y fauna marina, y el marido de Marilú me acompañó en alguna ocasión a bordo de la zodiac con mi alumnado, como en aquella aciaga tarde.
         Tamara y Marilú habían decidido practicar un poco de vela y su pequeña barquichuela se deslizaba rauda y esbelta sobre las olas mientras ellas platicaban de sus cosas. A bordo también viajaba Mimí, la delicada caniche blanca de la que Marilú nunca se separaba, que amenizaba la conversación con algunos ladridos de cuando en cuando.
         - No te creas que nos tratan muy bien a los maestros de primaria. En algunas ocasiones tengo hasta que colaborar en la limpieza de la clase si quiero que este medio decente para mis pequeños –se lamentaba Marilú, que siguió:-Este invierno tuve un serio accidente retirando una caja de debajo de mi mesa, me chascó la espalda y me tuvieron que operar…
         -Por aquí tampoco van muy bien las cosas, por eso hago estos cursos de vela, así de paso aprovecho para costearme el veraneo…- y tras una breve pausa sugirió -.Podíamos hacer una pequeña escala en una ensenada que llaman Puerto de los Franceses.
         -La verdad es que me encuentro un poco mareada con el oleaje y me vendría bien.
         -Aquella motora también se dirige hacia allí, tal vez no sea una buena idea, se comenta que a veces la utilizan los contrabandistas para sus actividades.
         -¿Drogas? –preguntó Marilú.
         -Armas – aclaró Tamara.

       

II)
         -Esto me gusta mucho, pero soy más animal de ciudad y donde lo he pasado realmente bien ha sido visitando la Alhambra –explicaba Peter, el esposo de Marilú, un texano de fuerte complexión y pelo blanco, que por alguna asociación de ideas se me parecía al Rock Hudson de la peli Gigante y me lo imaginaba con un ancho sombrero cabalgando por Reata.
         Tal vez ayudaba que el balanceo de la zodiac anclada junto a las rocas tenía una semejanza con un paso de trote de caballo. Mis ocho alumnos dispuestos por parejas hacían prácticas alrededor de la barca de intercambiarse las bombonas de aire comprimido, actividad que debían dominar a la perfección antes de arriesgarse a la inmersión, pues según y el caso podía llegar a ser vital para su seguridad. Así que con la mirada dispersa sobre las olas, mientras el sol descendía con lentitud, continué la charla con Peter.
-      Ya noté que os lo pasasteis en grande y también en el Generalife…
-      Esos patios tan frescos por las fuentes y el olor tan fuerte de los arrayanes hacen elevar el espíritu a cualquiera –hablaba en un correcto castellano, sin ningún acento foráneo, se notaba que era la lengua normal de comunicarse en su casa -. Los árabes se lo sabían montar muy bien, jejeje,je… y alguna referencia que nos ibas relatando de los “Cuentos de la Alhambra” de Washington Irving, también nos hicieron muy amena la velada…
-      ¡Vais a dejar caer esa bombona, tened cuidado! – le interrumpió mi inútil grito, pues sabía de sobra que con el chapoteo del agua no me iban a escuchar los muchachos, pero siempre desahoga gritar, se quema adrenalina…
-      Y luego la actuación de flamenco por ese barrio que lo llaman Sacromonte, con sus tabernas en cuevas, estuvo muy divertida- continuaba él-, aunque no entiendo mucho de ese tipo de música.
-      Cantaba Pasión Vega, y tienes razón en decir que no sabes mucho del tema, jajajaja, porque su voz tiene un timbre bastante trágico y pasional.
-      Ja,ja,ja,ja –acompañó las risas Peter-, como tu Tamara.
-      Tamara y yo sólo somos amigos, pero tienes razón en calificarla de pasional, debe ser la tierra que lo da…
-      Alguno de los muchachos comenzó a quejarse de que ya estaba cansado de repetir el ejercicio y les hice señales para que subieran a bordo.
En eso estábamos, recogiendo bombonas y ayudándolos a izarse cuando el teléfono celular de Peter comenzó a sonar con insistencia con una melodía que subía de tono con cada llamada.
Cuando contestó a la llamada su rostro coloreado por el sol y la brisa viró hasta el blanco céreo.

III)
         Tamara agarró con firmeza el timón del velero, pero se debía de haber atorado porque el viento lo continuaba empujando con persistencia hacia la ensenada en que ya había anclado la motora y donde un grupo de hombres se afanaba en llevar unas pesadas cajas hasta la arena seca, donde las dos mujeres pudieron contemplar como estaba estacionado un todo terreno.
-¿Trajiste el móvil? –preguntó Tamara.
-Siempre llevo el celular conmigo –respondió Marilú.
-Pues intenta comunicarte con tu esposo y dile que estamos llegando a una cala que se llama Puerto de los Franceses y que podemos tener problemas…
Mimí ladraba a los vientos asustada por el nerviosismo que expresaba su ama.
-Parece que llevan armas cruzadas a las espaldas… y son por lo menos media docena…
-Sin duda son bandoleros – se alarmaba Marilú rebuscando el telefonillo en las profundidades de su bolso de playa.
Tamara consiguió desatascar el timón de la nave que dio un brusco vaivén que casi lanza por la borda a la perrilla y a su dueña.
         Desde tierra el que parecía mandar la operación gesticulaba hacia la lancha para que la pusieran en marcha y gritaba a los que acababan de depositar la pesada caja en la arena para que regresaran a ella.
         Entre el movimiento del velero zarandeado por la brisa, que ahora había arreciado, y las fallidas maniobras de la timonel, que no conseguía encontrar una dirección adecuada a sus propósitos, Marilú no conseguía encontrar la tecla adecuada para conectar.
         Cuando lo consiguió sus palabras salieron balbucientes y entrecortadas… y de repente una racha de viento acabó por lanzar al velero contra una roca y se escoró por completo lanzando al mar a sus ocupantes…
         Tendidas sobre la playa las dos mujeres jadeaban y observaban unos ojos que les miraban con fijeza… ojos enmarcados en unos rostros con rasgos árabes y latinoamericanos. Llevaban el torso desnudo y de sus hombros pendían metralletas que se balanceaban.
         Su jefe acariciaba la cabeza de Mimí para que dejara de ladrar.


IV)
         Entre el jaleo que formaban los alumnos desembarazándose de los equipos y los trajes de neopreno me resultaba casi imposible entender lo que me estaba intentando contar Peter, que con la alteración retomaba por momentos su acento anglosajón.
         Por fin conseguí hacerme a la idea de que nuestras chicas se encontraban en dificultades y que era importante llegar a nuestro fondeadero y poner en marcha alguna acción. El motor de la zodiac arrancó sin ninguna dificultad y mientras nos deslizábamos hacia la playa intente explicar a mi amigo la situación al tiempo que elaboraba un plan.
-¿Cómo es posible que pasen estas cosas en el siglo veintiuno?
-Escuché rumores de que tal actividad existía pero se suponía que actuaban por la noche…
-Y. ¿la policía?
– También se rumorea que tienen comprados a algunos…
-      ¡Parece increíble!
-      … Políticos –continué-, que paralizan las acciones policiales. Un Jeque árabe tiene muchos intereses inmobiliarios en la zona y una vez al año viene en su yate a su palacete que es una especie de fortaleza inexpugnable, y gasta cantidades ingentes en el mantenimiento de su séquito, así que tiene un trato preferente, que se diría… Se comenta que aprovecha  el viaje para embarcar las armas que han ido almacenando durante todo el año y luego distribuirlas por Oriente entre grupos afines a AlQeda.
-      ¡Me pondré al habla con nuestro Embajador!
-      Supongo que el asunto se podrá arreglar sin tener que echar mano de la Sexta Flota - le intenté calmar -, lo importante es saber cuanto antes que las chicas están bien. ¿Volviste a intentar hablar con Marilú?
-      La comunicación se cortó y no he podido hablar con ella de nuevo.
-      Ya llegamos a la playa y en el chiringuito del camping hay teléfono, lo importante es difundir la cuestión todo lo que se pueda para que su acción no quede impune, y luego seguir un plan que ya me he ideado.
         Los muchachos alucinaban escuchando retazos de la conversación de los adultos entrecortados por algún bramido del motor y el chocar de las olas contra la quilla de la embarcación.

V)
Conocí al Capitán Fermín Galán cuando hacía mi servicio militar en Badajoz, en el Regimiento Castilla XVI, mixto de infantería y carros de combate. El era por entonces alférez de complemento, que era una prerrogativa que tenían los universitarios para hacer el servicio de una forma más cómoda mandando a la tropa en lugar de ser mandados y a la vez una manera de economizar gastos el ejército convirtiendo en oficiales a personas sin ninguna formación militar.
Trabamos amistad porque era el menos militarista que había por allí, y el más libertario y poco inclinado a cumplir con las disciplinas castrenses. El arma que mejor manejaba era la guitarra y durante los retenes que le tocaban controlar se formaban en el cuerpo de guardia juergas flamencas dignas de la Venta Vargas.
Esto viene a cuento de que me había informado en días anteriores que se encontraba por la zona de maniobras, porque a pesar de todo colgó los libros y se quedó al ganduleo de la milicia. Y parte de mi plan pasaba por hacerle participar en el rescate de las chicas, ya que con la policía no podíamos contar de antemano.
Pero lo más importante era movilizar a la gente para que no pudieran sacarlas de la cala y llevarlas al hasta el palacete o hacia otro destino más incierto…
El alumnado del curso de vela ya se andaba acicalando para irse a correr la correspondiente juerga nocturna a los diversos chiringuitos de la playa, pero con la alarma que contribuyeron a distribuir mis muchachos pronto se cambió su intención por la formar una flotilla con que acercarse y bloquear el puertecito.
Activada esta parte del plan me dirigí al teléfono para intentar comunicarme con Fermín y tuve que luchar por arrebatárselo a Peter que continuaba empeñado en meter en el asunto a su embajador.
Los tres primeros intentos ni flores, en fin, sería un teléfono de campaña y tendría poca conectividad… pero cada vez me ponía más nervioso.
A la cuarta me contestó su propia voz.
-Buenooo, ¿quién molesta?
-Tu general- tuve el humor de decir.
-A él es probable que se lo colgase, pero a un colega no, jajajaja
-¿Puedes movilizar algunas tropas hacia un punto cercano?
-Ya sabes que como en el de Napoleón la palabra imposible no está en mi vocabulario – y hablaba ahora en un tono serio dándose cuenta de que yo le hablaba con una voz un tanto angustiada -.Dispongo de vehículos anfibios.

VI)

         Mientras nos íbamos acercando con la zodiac a todo motor y veía a la media luz del anochecer como los veleros taponaban la bocana de la cala, me iba apercibiendo de mi insensatez,
         Los bucaneros estarían armados y podían disparar en cualquier momento sobre el inofensivo alumnado… Me había pasado tres pueblos en mi afán de proteger a las amigas, aunque también cabía la posibilidad de que se hubieran dado a la fuga antes de que llegaran nuestras barcas… Pero se veían luces en la cala, como de una fogata que chisporreteaba… Y de la supuesta flota de Fermín ni rastro.
         Había que dar la cara, y sabía que contaba con Peter para intercambiarnos por las rehenes, si se daba esa posibilidad… ¡Tampoco la guardia de costa podría permanecer con los oídos cerrados si se armaba una gorda!
         Así que pasando entre las barcas y esquivando una motora anclada en medio de la ensenada metí la lancha en la arena hasta que las hélices casi crujieron en su roce con la grava.
         Salté a tierra y pensé que estaba soñando… Hacia mi se dirigía Julián con los brazos abiertos.
-Te darás cuenta que somos de una efectividad asombrosa, conquistamos las playas conquistadas antes que nadie – se reía.
         Marilú se acercaba a su esposo que todavía se encontraba anonadado en la lancha.
-¡Me volcó la barca y nos rescataron! –gritaba Tamara junto a unos fogones donde parecían estar cocinando un grupo de desarrapados militares, la uniformidad no le apasionaba a mi amigo, desde luego.
-Ya ves que me envían a las misiones más arriesgadas para que vaya haciendo carrera –me explicaba Fermín mientras nos abrazábamos-.
Mañana tendremos unas maniobras de desembarco por aquí y me enviaron como cabeza de puente para preparar el desayuno a la tropa,
Dile a tus amigos que anclen los veleros y haremos una fiesta, hay comida y bebida en abundancia, y si no queda para mañana que se jodan los militastres.
Una perrilla ladraba entre nuestros pies y se sentían los rasgueos de una guitarra que se templaba.

EPÍLOGO
Unos días después fueron las tristes despedidas… Los alumnos a sus casas, Tamara a su Cádiz, Marilú con su familia al lejano Borinquen… y Fermín con su compañía, en alguna Misión de Paz, a enfrentarse con los talibanes allá por Afganistán…

1º de abril de 2010, un día tan bueno como otro cualquiera para desear la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos.

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