I- Pepe
Un húmedo atardecer otoñal de mediados de
noviembre me vino a visitar al estudio mi buen amigo Pepe. Aunque no es
habitual en él aparecer sin aviso previo tampoco es tan insólito que llame a mi
puerta a cualquier hora del día o de la noche cuando tiene algún problema, ya
sea grave o trivial, real o fruto de las entelequias que le genera su mente
calenturienta. Tributos que se tienen que pagar de cuando en cuando a una larga
amistad que proviene de la adolescencia. De los añorados tiempos en que
compartíamos aula en el instituto de secundaria.
Pepe era el alumno que
sacaba mejores notas en dibujo de cuantos nos sentábamos aquel curso en las viejas bancadas
del vetusto caserón de la calle Noviciado, que en tiempos fuera la sede de la Universidad
Complutense. En realidad la labor consistía en copiar láminas sin tener que
aportar nada de la creatividad que conlleva hacer una interpretación de objetos
situados en el espacio tridimensional bajo un cierto enfoque luminoso. Pero la
verdad es que sus copias eran tan exactas que eran en todo similares al
original. Esta habilidad sobre el mimetismo le permitiría ganarse muy bien la
vida en el futuro cuando sus pretensiones de llegar a ser un gran escritor se
vieran frustradas y tuviera que buscarse otros caminos para subsistir. Porque a
pesar de su innata habilidad para el dibujo su vocación eran las Letras, caso paralelo
al mío, pues bien dotado para pergeñar relatos mi vocación me inclinó por las
Bellas Artes, que parece ser que como en tantas cuestiones las posibilidades
reales y los deseos caminan por senderos divergentes.
- ¡Perdona que te
moleste pero traigo una bomba! - fue su saludo alocado.
- Cuidado que no te
estalle en las manos - fue mi humorística contestación, y le invité a pasar
dejando a un lado la copia del Cézanne que estaba realizando-. Siéntate en el
sofá mientras caliento unos cafés.
- No te vas a creer la
noticia que tengo: ¡una auténtica bomba! -me siguió hasta la cocina.
- El café ya está
hecho, sólo hay que calentarlo en el “micro”, ¿lo quieres sólo o con leche?
- Sólo y con unas
gotitas de brandy, ya sabes…
- Los añadidos ya te
los pones tú a tu gusto, pero vuelve al salón que los llevó en un minuto…
Cuando coloqué la
bandeja sobre la mesa baja frente al sofá Pepe continuaba de pie observando la
obra que tenía en el caballete.
- Parece un auténtico
Cézanne -comentó.
- Es un “auténtico”
Cézanne a falta de cuatro detalles y de la firma… Ya sabes que llevo tiempo en esto,
y una vez aprendido el oficio todo es cuestión de encontrar los pigmentos
adecuados propios de la época en que se supone está realizado el cuadro, tener
mucha paciencia y… no intentar superar al maestro -bromeé. Pepe rió la chanza,
parecía más sosegado que cuando entró, nos sentamos en el sofá a aditar los
brebajes y sin más preámbulos se puso a relatar la noticia que le había traído
hasta mis lares.
-
Cuando recibí la llamada telefónica de una de las secretarias de Charles
Bonson, el prestigioso productor cinematográfico, me quedé muy sorprendido y, en un principio,
no entendía nada, por una parte porque me hablaba en una especie de spaninglis
y, por otra, porque, como buena yanqui,
debía de estar masticando chicle a la vez que platicaba. La sorpresa era
en realidad una serie de sorpresas consecutivas: el origen de la llamada, el
motivo de la llamada y que yo fuera el sujeto del que se esperaba una respuesta
afirmativa. ¿Por qué iba yo a guardar una copia de la película “Tú crees que…”
de nuestro común amigo Andrés Antero?
Me encogí de hombros
invitándole a proseguir.
- El caso es que
cuando hablo por teléfono suelo emplear el vocablo “si” de una manera bastante
continua y aleatoria, comenzando porque lo primero que digo para responder es
el interrogante “¿Si?” Por tanto respondí afirmativamente…
- Y la realidad es que
no.
- Por supuesto, ni
nunca la tuve. Pero creo recordar que a ti te regaló una copia en vídeo.
- Más que regalo me
dio varias copias con algunas secuencias para que se las pasara a los medios
informativos cuando le ayudé en la promoción de su película. Pero: ¿por qué
andan interesados en ella después de tantos años de su producción y de
que también hace tiempo que murió nuestro buen amigo?
- Esa es la misma
pregunta que le hice a la dichosa secretaria y, sorpréndete, vueltas que da la
vida, después de que Andrés tuviera que ganarse el sustento en sus últimos años
haciendo series mediocres para la televisión parece ser que ahora se han vuelto
a poner de moda las películas experimentales y esta productora está dispuesta a
dar una buena saca de dólares por tener la exclusiva sobre “Tú crees que…”
- En cualquier caso
los derechos sobre ella los tendrán los herederos de Andrés, y también es
posible que guarden alguna copia completa del film.
- Como ya sabes, su
viuda, Eulalia, se casó en segundas nupcias con un sueco y marchó hacia
Escandinavia con sus hijos hace un buen porrón de años, y anda en paradero
desconocido, tal vez porque adoptó el apellido de su nuevo marido. Encontrarla
también fue la primera opción que intentaron los de la productora norteamericana,
con tampoco éxito como el mío al tratar de hacerlo a través de la Embajada, a
pesar de tener buenos contactos por allá.
- Están los fondos de
la Filmoteca Nacional, creo que allí se guarda al menos una copia de cada
película que se produce en el país.
- También he tocado
ese palo y parece ser que su eficiencia no es tan buena como nos pensamos los
contribuyentes, aducen que con los recortes de la crisis no disponen del
suficiente personal para mantener sus fondos en orden… y lo que yo me pienso es
que el recorte de sus sueldos les lleva a ejercer sus labores con una cierta desgana. Lo cierto es que de
continuar existiendo una copia de la película de nuestro amigo estará perdida
por algún sótano de enmohecidas paredes cualquiera sabe en que estado.
Me detuve un momento a
pensar sobre el tema y sólo se me ocurrió aconsejarle:
- Lo mismo que en un
momento dado les dijiste que sí tenías una copia les puedes llamar y decirles
que “tú creías que…”, pero que en realidad ni la tienes ni sabes cómo
conseguirla, y santas pascuas.
- Y perder la oportunidad
de obtener un buen botín y de paso rehabilitar el prestigio
artístico de Andrés.
